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Los chatbots no son acompañantes para los viajes psicodélicos

Cada vez más personas recurren a los chatbots en el contexto de un viaje psicodélico, ya sea para buscar contención, ordenar lo vivido o intentar atravesar la experiencia con alguna guía a mano. La pregunta ya no pasa por la novedad, sino por sus límites y por el riesgo de confundir una asistencia digital con el cuidado humano que una situación así puede exigir.

La escena de una persona confiando su viaje psicodélico a una inteligencia artificial dejó de ser futurista desde el momento en que empezó a colarse en las prácticas cotidianas de muchos consumidores. Al menos así lo reportaron el medio WIRED y MIT Technology Review, que recogieron casos de personas que escriben a ChatGPT u otros bots en medio de un viaje o durante la integración psicodélica posterior. El dato viene a confirmar una práctica emergente, pero no prueba que sea segura ni equivalente al acompañamiento humano.

Un artículo de 2024 sobre inteligencia artificial y medicina psicodélica plantea usos posibles para la IA en cribado, preparación, integración y seguimiento. Es decir, como apoyo periférico dentro de un dispositivo más amplio y no como sustituto automático de la sesión ni del criterio clínico.

En este contexto debemos recordar que ya existen algunas regulaciones sobre facilitadores de terapia con psilocibina , como lo que ocurre en Oregón, donde se exige la presencia constante durante la sesión y monitoreo visual y auditivo continuo. La norma aclara que eso no puede resolverse por video ni mediante otros equipos ya que en un estado alterado intenso no basta con responder mensajes tranquilizadores. Por lo mismo se debe observar y hacerse responsable de lo que ocurre.

Las guías de seguridad para la investigación con alucinógenos vienen señalando desde hace años la importancia de la preparación previa, de un entorno seguro y del apoyo interpersonal durante la sesión para atravesar un probable malestar intenso. A eso se suma un factor menos visible, pero decisivo, que es el vínculo durante el viaje. Al respecto,  diversos estudios han demostrado que la alianza terapéutica influye tanto en la experiencia como en lo que deja después.

Nada de lo anterior  vuelve inútil a la IA, que puede servir para ordenar información, recordar pautas, ofrecer materiales psicoeducativos o acompañar la integración. El problema aparece cuando entra en juego la complacencia. No por nada ya se publicaron alertas sobre cómo modelos de IA simulan viajes psicodélicos.A esto hay que agregar que alguno sistemas tienden a decir lo que el usuario quiere oír, incluso cuando eso no es lo más prudente. En contextos psicodélicos, donde aumentan la sugestibilidad y la vulnerabilidad, ese sesgo puede convertirse en un riesgo concreto porque el cuidado en un viaje de estas características sigue siendo, ante todo, una tarea profundamente humana.

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