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¿Es necesario tener un acompañante cuando se microdosifica?

La microdosificación ya no se está pensando solo como una práctica personal. Cada vez más voces plantean la necesidad de hacerla con apoyo, seguimiento o algún tipo de guía. Sin embargo y detrás de esa idea asoma una discusión más amplia sobre las expectativas generadas, el negocio alrededor del acompañamiento y los límites por trazar en el actual auge psicodélico.

En esta discusión aparecen nombres como James Fadiman, figura central en la historia reciente del microdosing Danielle Nova, quien está vinculada a la formación de facilitadores. Fadiman propone que una microdosis no tiene por qué ser imperceptible, pero tampoco debería provocar un viaje psicodélico completo.

Ahí es donde el acompañamiento gana terreno ya que según Danielle Nova muchas personas no reconocen cambios sutiles en el ánimo, la autocrítica o la relación con la rutina y, en este contexto, un guía puede ayudar a leer esas variaciones, ajustar cantidades y ordenar el proceso. Así, el microdosing deja de parecer una práctica casera y empieza a presentarse como un dispositivo de seguimiento que contempla dosis, bitácora, observación y promesa de optimización personal.

Sin embargo, el problema es que esa oferta de cursos, facilitadores y guías está avanzando más rápido que la evidencia sobre la efectividad de la microdosificación. El ensayo de eLife publicado en 2021 halló mejoras tanto en quienes tomaron microdosis como en quienes recibieron placebo, sin diferencias significativas en la mayoría de los resultados. Un estudio posterior, en Translational Psychiatry, observó efectos agudos más intensos con hongos psilocíbicos, pero señaló que esas diferencias aparecían sobre todo cuando las personas identificaban correctamente qué habían consumido. Por lo mismo la expectativa, por lo tanto, sigue siendo una variable decisiva y las revisiones publicadas en 2024 mantienen la cautela.

Eso no invalida la experiencia subjetiva de quienes dicen haberse beneficiado, pero sí obliga a mirar con cuidado el momento actual y el enorme interés por las terapias psicodélicas ya que el facilitador surge como respuesta a una práctica sutil y difícil de medir, aunque también como parte de una economía emergente que traduce la incertidumbre en servicio. En ese contexto, un artículo publicado por DoubleBlind considera que la aparición de estos "servicios de acompañamiento" surgen más como síntoma de época que como respuesta concluyente.

Lo que sí parece ser claro es que la expansión del microdosing también crea oficios, jerarquías y discursos que buscan la legitimidad. Si bien el acompañamiento puede ser útil para algunas personas, también expresa rasgos de una sociedad que convierte incluso las experiencias mínimas en algo que debe ser medido, optimizado y guiado. Tal vez el punto no sea quizá quién acompaña, sino desde dónde y con qué límites se realiza esta práctica.

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