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El óxido nitroso crece, pero los datos no muestran una epidemia

ESTUDES 2025 sitúa en el 1,7 % el porcentaje de estudiantes españoles de 14 a 18 años que ha probado óxido nitroso alguna vez. La cifra crece dos décimas desde 2023 y los datos disponibles aún no permiten hablar de un escenario de epidemia juvenil.

El llamado gas de la risa ha vuelto a ocupar titulares en España asociado a fiestas, accidentes y una supuesta expansión acelerada de su consumo. Los datos disponibles, sin embargo, dibujan un escenario bastante menos espectacular. La encuesta ESTUDES 2025 sitúa en el 1,7 % la proporción de estudiantes de 14 a 18 años que declara haber probado óxido nitroso alguna vez en la vida.

El porcentaje era del 1,5 % en 2023, cuando la sustancia se incorporó a este bloque del cuestionario. La subida existe, pero son dos décimas y el indicador no mide consumo habitual ni permite saber cuántos jóvenes lo usan actualmente con frecuencia. De hecho, el propio Plan Nacional sobre Drogas describe como “muy reducida” la prevalencia de las nuevas sustancias psicoactivas estudiadas. Dentro de ese grupo, el óxido nitroso es la de mayor prevalencia, por delante del cloretilo, que alcanza el 1,0 %.

Esto no convierte al óxido nitroso en inocuo. La Agencia de la Unión Europea sobre Drogas advierte de mareos, desorientación, pérdida de coordinación y desmayos, que pueden favorecer caídas y accidentes. La inhalación directa desde cilindros presurizados también puede provocar lesiones por frío. Los riesgos más graves aparecen sobre todo con usos frecuentes e intensivos nya que la sustancia puede inactivar la vitamina B12 y causar daños neurológicos, alteraciones sensitivas y dificultades para caminar. En Cáñamo ya habíamos abordado estos riesgos cuando el óxido nitroso entró en el radar sanitario español.

La EUDA señala que buena parte de los casos de intoxicación grave descritos en Europa están vinculados a consumos regulares o elevados. Presentar esos episodios como si describieran cualquier uso recreativo borra información necesaria para reducir daños y convierte una advertencia sanitaria en un relato indiscriminado de peligro. El compuesto, además, no puede reducirse exclusivamente a su uso recreativo y se han realizado investigación sobre su posible aplicación para aliviar rápidamente síntomas de depresión.

La atención policial también contribuye a su visibilidad pública. En España se han registrado intervenciones como la incautación de óxido nitroso en una discoteca de Madrid. Pero la existencia de decomisos, accidentes o casos clínicos graves no permite establecer por sí sola la dimensión epidemiológica del consumo. Para eso hacen falta encuestas de prevalencia y, sobre todo, información que diferencie experimentación, consumo ocasional y uso frecuente.

Una respuesta de salud pública útil debería distinguir entre experimentar, consumir ocasionalmente y mantener patrones intensivos, además de explicar cómo reducir los daños asociados. Cuando esas diferencias desaparecen, la alarma puede terminar ocultando precisamente la información que más necesita quien decide consumir.

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