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Aumenta el uso de fármacos ante la crisis de salud mental adolescente

Las hospitalizaciones por depresión entre adolescentes españoles se multiplicaron por más de doce entre 2000 y 2021, según un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja. A esta tendencia analizada se suma la encuesta ESTUDES 2025, que determinó que uno de cada cinco estudiantes ya ha probado hipnosedantes.

En el Registro de Altas Hospitalarias del Sistema Nacional de Salud, los ingresos por depresión en adolescentes pasaron de 173 casos en 2000 a cerca de 1.800 en 2021. El dato –un aumento superior al 1.200 % en dos décadas– forma parte de un estudio de investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), publicado en Journal of Affective Disorders tras revisar más de 9.800 hospitalizaciones de jóvenes de 11 a 18 años.

La investigación indica que las mujeres concentraron el 74,3 % de los ingresos hospitalariios, con una edad media de 16 años. Sus autores señalan que la pandemia provocó el mayor aumento, pero no es la única causa, ya que los casos ya venían creciendo antes, por ello, reclaman más recursos de salud mental para jóvenes y programas de detección temprana.

Retomado en un artículo publicado en lasDrogas.info, este estudio dialoga con la encuesta ESTUDES 2025 del Ministerio de Sanidad, que mide el consumo de sustancias entre estudiantes de 14 a 18 años. Según ese levantamiento, el 19,6 % ha tomado hipnosedantes alguna vez en la vida, el 14,8 % lo hizo durante el último año y el 8,2 % en los últimos 30 días.

Ninguna de esas cifras permite afirmar que una cosa cause la otra, pero el cruce sí ayuda a leer un mismo clima sanitario. Ante el malestar adolescente, la respuesta disponible aparece demasiadas veces vinculada a los ansiolíticos o somníferos que pueden aliviar síntomas, pero que no reemplazan un diagnóstico, un seguimiento clínico sostenido ni otras formas de acompañamiento.

Fuera de España, una lectura europea reciente ya advertía un giro parecido, con adolescentes del continente que recurren cada vez más a benzodiacepinas. En tanto, y mientras en el contexto español, el consumo de cannabis entre adolescentes cae a mínimos históricos, el vapeo supera la media europea. El mapa de riesgos juveniles, más que reducirse, se está desplazando hacia consumos y conductas menos visibles.

Que las hospitalizaciones se multipliquen por doce en dos décadas no es solo un dato de una investigación sino el reflejo de una generación que le cuesta pedir ayuda y que, con demasiada frecuencia, encuentra respuesta cuando el malestar ya se ha medicalizado.

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