Los interesados que solicitan recibir un tratamiento en la Clínica Synaptica tienen primero que pasar por una entrevista en la que se evalúa la idoneidad de la terapia psicodélica para su caso. Si no surge ningún inconveniente, comienzan las sesiones de administración del medicamento y el acompañamiento por parte del equipo clínico. Cada sesión dura aproximadamente dos horas y media.
La sesión se inicia con una breve conversación del terapeuta con el paciente, tras la cual se administra la ketamina. Durante la siguiente hora, el paciente, sentado en una cómoda butaca reclinable o tumbado en una cama, experimenta los efectos del fármaco. Para facilitar la inmersión, se ofrece la posibilidad de ponerse un antifaz y unos auriculares con una playlist de música especialmente seleccionada para la terapia.
Finalmente, llega la fase de integración de la experiencia en la que el paciente comparte y estructura la vivencia con el terapeuta. En la web de Synaptica explican que la integración “es como una sesión de psicoterapia, pero más enfocada en trabajar las sensaciones, pensamientos, recuerdos y sentimientos que hayan surgido durante y debido a la terapia psicodélica”.
La duración del tratamiento y el número de sesiones dependerá de la evolución de cada caso. Lo más habitual es que se lleven a cabo dos sesiones de terapia psicodélica por semana, a lo largo de varias semanas consecutivas.
Òscar Parés, director de Synaptica, con la estructura química de la ketamina estampada en su camiseta.
“Lejos de incitar a la locura o al suicidio, el uso clínico de estas sustancias ofrece una ‘ventana de oportunidad’ crítica: al silenciar el ruido de la ideación suicida de forma rápida permiten que el paciente se estabilice y pueda realizar un trabajo terapéutico profundo que, de otro modo, sería inalcanzable. La prohibición, en este sentido, no ha protegido la salud pública, sino que ha negado a las personas más vulnerables una herramienta de rescate biológico fundamental”, Òscar Parés
Al frente de Synaptica está Òscar Parés (Barcelona, 1981), hasta hace poco director de ICEERS, fundación dedicada a la investigación y la defensa del uso de plantas psicoactivas con la que organizó congresos como Cannabmed o conferencias mundiales sobre ayahuasca. En su haber cuenta con haber sido autor de numerosos artículos científicos sobre el modelo de asociaciones cannábicas (CSC), tema en el que también ha sido asesor para gobiernos que han emprendido el camino de la regulación del cannabis, como Uruguay, Malta o Suiza. Además de colaborador de Cáñamo desde 2013 –la última década firmando la columna de opinión “Expediente X”–, Òscar Parés ha estado implicado en muchas aventuras, tanto de carácter activista como institucional, a favor siempre del cambio de las políticas de drogas. Sin dejar de participar en otras entidades, en la actualidad, tras haber salido de ICEERS, centra sus esfuerzos en esta clínica puntera, de la que, junto a Joan Obiols o José Carlos Bouso, entre otros, es cofundador. Nadie mejor que él para responder en primer lugar a nuestras preguntas sobre este proyecto que ejemplifica un cambio esperanzador en el ámbito de la salud mental.
Dada la novedad, supongo que una de las preguntas más habituales será por la seguridad del tratamiento con psicodélicos. ¿Qué le decís a los pacientes al respecto?
Es natural que la seguridad sea la principal prioridad de nuestros pacientes. Lo primero que explicamos es que la ketamina no es un compuesto experimental, sino un fármaco con más de sesenta años de trayectoria clínica, utilizado globalmente en cirugías de emergencia y pediatría debido a su extraordinario perfil de seguridad. Aunque el estigma derivado de la prohibición y el abuso no regulado ha distorsionado su imagen, la evidencia científica confirma que la ketamina no genera adicción en contextos clínicos, donde su administración es moderada, puntual y supervisada. En Synaptica, nuestra metodología prioriza la integridad del paciente por encima de todo: tras haber realizado más de 3.000 administraciones, no hemos registrado ninguna emergencia médica. Esta estadística es el resultado de un riguroso protocolo de cribado previo y de una monitorización constante, lo que nos permite ofrecer un entorno donde el paciente puede centrarse plenamente en su proceso terapéutico con total tranquilidad.
¿Cuáles son las patologías que habéis tratado hasta ahora?
Nuestra visita más frecuente concierne a la depresión y la depresión resistente al tratamiento. También hemos tratado frecuentemente con ansiedad e ideación suicida. Tenemos una pequeña proporción de gente que viene por otros motivos, para quienes este tratamiento también ha tenido buenos resultados.
¿Qué tanto por ciento abandona el tratamiento?
Como cualquier terapia, este tratamiento no funciona para todo el mundo. Alrededor de un 30% de pacientes no responden (es decir, no sienten que obtienen mejora). Dentro de este 30%, muchos no finalizan el tratamiento.
La importancia de la psicoterapia asistida
Parte del equipo médico de Synaptica. Sentados, Estefanía Moreno, Débora González, Mery Peña y Daniel Jiménez. De pie, Noel García, Irene Pérez y Gemma Guarch.
¿Hay otros centros autorizados que estén ofreciendo terapias psicodélicas en España?
“El trabajo con psicodélicos abre un espacio muy delicado y vulnerable (sagrado, podría decir). En este tipo de espacio no caben actitudes mezquinas, inmaduras o de competitividad entre profesionales. Hay que trabajar en red y apoyarse mutuamente”, Irene Pérez
Actualmente, la ketamina es el único compuesto con propiedades psicodélicas que se emplea legalmente en España, aunque su disponibilidad en el ámbito privado es muy limitada. Tenemos constancia de centros específicos en Sevilla para dolor crónico, uno en Madrid y otro en proyecto en Mallorca. Es importante diferenciar nuestro abordaje del uso de la esketamina (Spravato), la cual está cubierta por la sanidad pública para la depresión resistente en grandes hospitales. Mientras que ese modelo hospitalario suele ser puramente farmacológico –esperando que la molécula por sí sola “haga el trabajo”–, en Synaptica aplicamos un modelo de psicoterapia asistida, donde la agencia del cambio reside en el paciente y en el acompañamiento humano. De hecho, hemos atendido a personas con experiencias previas en entornos hospitalarios que resultaron desorientadoras o incluso traumáticas por la falta de un marco terapéutico adecuado. Uno de los mayores riesgos del actual “renacimiento psicodélico” es intentar resolver con fármacos problemas que son profundamente psicosociales; nosotros entendemos que la salud no depende solo de la neurobiología, sino del contexto vital y de cómo la persona integra su malestar.
De momento, solo trabajáis con ketamina, un psicodélico con efectos disociativos, y esto es así porque solo la ketamina es legal en el ámbito clínico. Conforme se vayan legalizando otros psicodélicos, ¿lo incorporaréis como medicamentos en vuestras terapias?
Efectivamente, ese es el planteamiento. Por el momento, nuestra capacidad de actuación se limita a la ketamina y la esketamina. Para incorporar otros psicodélicos que actualmente se encuentran en fase de desarrollo clínico, debemos aguardar a la validación de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Habitualmente, este proceso de autorización ocurre con un desfase de hasta un año respecto a la aprobación de los resultados por parte de la FDA estadounidense. En este sentido, todavía faltan años para poder ampliar el abanico de psicodélicos legales en el ámbito clínico.
La propaganda prohibicionista ha asentado el tópico de que el consumo de psicodélicos provoca ideas suicidas. Además de para la depresión, destacáis en vuestra web el potencial que tiene la terapia psicodélica para prevenir el suicidio, ¿en qué medida ayuda un psicodélico frente a la ideación suicida?
La guerra contra las drogas ha sido un experimento con consecuencias catastróficas. Tal y como los hechos demuestran, no es realista que los gobiernos puedan prohibir las drogas, si acaso, pueden prohibir un uso seguro de las mismas. Los estudios hechos con ketamina han mostrado que existe una reducción significativa y casi inmediata de la ideación suicida, a menudo a las pocas horas de la administración. A diferencia de los antidepresivos convencionales, que pueden tardar semanas en surtir efecto, estos compuestos actúan sobre los receptores de glutamato para restaurar la plasticidad sináptica en áreas del cerebro bloqueadas por el trauma y la desesperanza. Por tanto, lejos de incitar a la locura o al suicidio, el uso clínico de estas sustancias ofrece una “ventana de oportunidad” crítica: al silenciar el ruido de la ideación suicida de forma rápida permiten que el paciente se estabilice y pueda realizar un trabajo terapéutico profundo que, de otro modo, sería inalcanzable. La prohibición, en este sentido, no ha protegido la salud pública, sino que ha negado a las personas más vulnerables una herramienta de rescate biológico fundamental.
Clínica privada y sanidad pública
En la experiencia con ketamina, la música cumple un papel facilitador.
“Auguro un futuro muy brillante para los tratamientos psicodélicos. Es lo que parece lógico con los resultados tan sólidos de la investigación actual. Lo malo es que el mundo no funciona de forma lógica”, Joan Obiols
En la clínica tenéis varios profesionales que han participado en ensayos clínicos y en estudios autorizados con otros psicodélicos, ¿cuáles son estos psicodélicos y en qué están resultando prometedores?
Contamos con el privilegio de tener en nuestro equipo a profesionales de referencia como José Carlos Bouso, Débora González y Gemma Guarch, quienes han liderado y participado en investigaciones pioneras sobre el potencial terapéutico de diversas sustancias en entornos clínicos controlados. Su trabajo ha sido fundamental para demostrar la eficacia de la psilocibina en el abordaje de la depresión resistente, así como el papel revolucionario del MDMA en el tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), donde facilita el procesamiento del trauma sin desbordamiento emocional. Asimismo, sus estudios han arrojado resultados sumamente esperanzadores con la ayahuasca para la resolución del duelo persistente y con la ibogaína como una herramienta prometedora en la interrupción de la dependencia a los opiáceos. Esta sólida base científica no solo avala la trayectoria de nuestro equipo, sino que sitúa a Synaptica en la vanguardia de las nuevas soluciones para la salud mental.
Synaptica es una clínica privada, ¿cuánto cuesta el tratamiento habitual?
Efectivamente, la psicoterapia asistida con ketamina requiere una inversión significativa, justificada por el rigor clínico y la intensidad del acompañamiento profesional. Un protocolo completo en Synaptica –que incluye la evaluación psiquiátrica inicial, las sesiones de preparación, la administración supervisada y las sesiones de integración– suele rondar los 3250 euros. Este importe puede variar si el paciente opta por sesiones de integración adicionales. No obstante, es importante desglosar este valor: el tratamiento supone entre 25 y 30 horas de atención directa por parte de un equipo multidisciplinar especializado. Esto sitúa el coste por hora en unos 120-130 euros, una cifra que, si bien es elevada, es plenamente competitiva con los estándares de la atención psiquiátrica y psicológica de alta especialización. Al final, lo que el paciente costea es la seguridad de un entorno controlado y la experiencia de profesionales formados en la vanguardia de la salud mental.
¿Qué tendría que cambiar para que estos tratamientos se incorporen en la sanidad pública?
Como he mencionado, la esketamina ya está cubierta por el sistema público de salud, pero su implementación plantea serios interrogantes, tanto por sus efectos en los pacientes como por su elevado coste. Para ponerlo en perspectiva, un protocolo estándar de Spravato de tres meses supone unas 16 sesiones en las que se emplean un total de 48 dispositivos nasales, lo que conlleva un coste aproximado de 17.000 euros por paciente. Es una cifra que invita a reflexionar sobre la eficiencia del modelo actual. A día de hoy, Noruega es el único país europeo que ha integrado con éxito la terapia asistida con ketamina en su sistema público. Precisamente por ello, en la formación que organizaremos en Barcelona, contaremos con Lowan Stewart, el médico que lideró dicho proceso pionero, para que comparta su experiencia con nosotros. Lograr un cambio similar en nuestro país requiere, ante todo, voluntad política y una legislación que facilite estos abordajes. Pero también es imprescindible que este conocimiento llegue a las universidades y que los profesionales sanitarios empiecen a formarse en modelos que prioricen el acompañamiento humano y la psicoterapia sobre el simple suministro de fármacos.
Para terminar, cuéntanos sobre las jornadas de formación que lleváis a cabo. A mediados del próximo octubre habéis organizado la próxima cita, si no me equivoco.
Sí, así es. Este mes de octubre, Barcelona se convertirá en el epicentro de la medicina psicodélica con The Complete KAP Experience, un itinerario formativo de alto nivel que arranca el día 15 con un taller intensivo de fundamentos en Psicoterapia Asistida con Ketamina. Este taller inicial, liderado por el equipo de Synaptica y el referente internacional Phil Wolfson, ofrece una inmersión práctica desde la neurobiología hasta el análisis de casos reales, incluyendo un tour exclusivo por nuestra clínica. Tras esta jornada inaugural, el plato fuerte, el 1st KAP International Association Summit, un congreso científico sin precedentes que reunirá a figuras globales como Celia Morgan, Chris Timmerman y Marc Aixalà para debatir sobre farmacología y la preparación e integración de las experiencias bajo estados no ordinarios de conciencia. Es una oportunidad única para que los profesionales conecten con la vanguardia de la salud mental.