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¿Cerveza sin resaca? La revolución de las nuevas bebidas funcionales

En plena era sober-curious, cuando cada vez más gente quiere socializar sin pagar el peaje de la resaca (o de las malas decisiones), están apareciendo bebidas “funcionales” que prometen lo imposible: efectos parecidos al alcohol, pero sin alcohol. En este artículo exploramos por qué el alcohol sigue siendo tan útil y tan problemático a la vez, qué esta cambiando en su percepción social y qué hay detrás de las nuevas propuestas de David Nutt, GABA Labs y Sentia: botánicos, marketing, evidencias aún limitadas y un horizonte futurista llamado Alcarelle. ¿Estamos ante una herramienta real de reducción de daños ya a nuestro alcance o es demasiado bonito para ser verdad? 

Alberto se despierta en su cama algo desorientado, va vestido de calle, ha dormido poco y no recuerda bien lo que pasó anoche después de que dejasen la cuarta terracita para irse ya al pub que conocía uno de sus amigos. Sabe que lo pasaron muy bien, aunque hoy se encuentre fatal, porque tiene una resaca terrible. Se había propuesto tomarse solo un par de copas de vino de tardeo dominguero por La Latina a sol de invierno, para poder retirarse pronto y estar hoy a tope, pero al final terminó bebiendo mucho más, volvió a fumar y a escribir a su ex…

Hoy se había comprometido a trabajar en su nuevo proyecto, a ir al gimnasio, a visitar a sus padres y a un aburrido evento de networking de su empresa con unos clientes. Pero ahora mismo le parece imposible hacer otra cosa que no sea quedarse en casa, pedir comida rápida y pasarse la mañana tumbado dormitando… Con el paso de las horas va encontrándose mejor, pero no se siente capaz de ir al gimnasio o a casa de sus padres; es el primer día que falla en sus propósitos de Año Nuevo, así que se limita a prepararse para ir al evento con sus clientes. No le gustan nada esos eventos; Alberto es tímido y se siente bastante cohibido en esas situaciones, se aburre... Así que, al llegar allí, pide unas copas de vino y enseguida empieza a sentirse más hablador y divertido, más social, parece que el evento no está tan mal… 

El despertar del día siguiente no es mucho mejor que el del día anterior... “Tengo que replantearme esto de beber tanto”, piensa, y probablemente no le falte razón. Siempre que lo deja una temporada (cosa que puede hacer fácilmente), su vida se vuelve más sana, productiva y ordenada, pero a nivel social se vuelve mucho más aburrida y difícil, las quedadas no le entretienen tanto, los networkings son un infierno, tiene que dar explicaciones a todo el mundo de por qué prefiere no beber, y en sus fines de semana apenas siente que haya desconectado de su trabajo… Cuando deja de beber es como si le faltara un lubricante social. 

El caso de Alberto puede parecer un tanto exagerado, pero hay muchísima gente que vive estas dicotomías con relación al alcohol, que valora su utilidad social y recreativa. Pero conforme se van haciendo mayores aborrecen cada vez más sus múltiples problemas, y sin tener una dependencia, querrían poder usarlo de forma ocasional y racional, pero sin tener que pagar un peaje demasiado elevado en forma de resacas y borracheras. ¿Existen alternativas para estas personas más allá de la abstinencia?

Alcohol: del bueno al feo, y ahora al malo 

Las drogas, ya sean de uso legal, autorizadas para uso médico o ilegalizadas, se consumen desde hace milenios porque cumplen alguna función para el individuo o la sociedad: recreativa, médica, espiritual, laboral, social, etc. Pero también tienen riesgos y el potencial de causar daños de diversa índole, lo cual hace que más allá de su eficacia para cumplir con su misión inicial con mayor o menor eficacia, a veces puedan llegar a convertirse más en un problema que en una solución. 

El alcohol (alcohol etílico o etanol) no es una excepción: llevamos consumiéndolo desde hace milenios por los efectos que nos produce y que valoramos, como la desinhibición, la euforia, el efecto ansiolítico-relajante, el aumento de sociabilidad y la facilitación del vínculo social. De hecho, está tan normalizado en contextos sociales que durante muchos años ha sido prácticamente obligatorio consumirlo si no querías ser visto como un bicho raro o pasarte el día dando explicaciones, siendo la única droga que si no la consumes tienes que justificarte. 

No obstante, en las últimas décadas, hemos visto cómo la ciencia ha ido quitándole al alcohol esa careta de inocente droga “blanda” y poco problemática, mostrando claramente el peaje que tenemos que pagar por usarla y la cantidad de cosas que le perdonamos, por su normalización, pero que la sociedad no le perdonaría a ninguna otra droga: 

  • Riesgos agudos como accidentes, violencia, sexo de riesgo, intoxicación etílica.

  • Dependencia: no le pasa a todo el mundo, pero cuando pasa, arrasa. 

  • Daños a la salud del consumo puntual (resaca, hipertensión, deshidratación) y crónico (hígado, páncreas, corazón, cerebro, salud mental, cáncer...). 

  • Unos tres millones de muertes anuales en el mundo. 

Estas evidencias de daños, unidas al creciente culto a la salud, están calando en la sociedad, empujando a cada vez más personas a hacer un ejercicio de reflexión sobre su propia vida y su relación con el alcohol. De este ejercicio, muchas personas concluyen en algún momento de sus vidas que los beneficios que les aporta esta sustancia ya no les compensan los riesgos y los daños, y están buscando formas de consumo menos problemáticas o directamente cortando por lo sano abandonando su consumo (o no iniciándolo nunca). 

En España, esta tendencia, unida a los cambios en el ocio juvenil, las nuevas tecnologías, etc., ya está visibilizándose en encuestas como ESTUDES, que muestran un descenso de indicadores de consumo problemático de alcohol en adolescentes (borracheras y binge drinking en el último mes, por ejemplo) y, en general, el consumo entre estudiantes ha ido bajando en los últimos años. 

Por otro lado, cada vez se ven más testimonios en redes de celebrities y personas de toda índole que hablan de las maravillas que ha supuesto abandonar la bebida para su salud, descanso, rendimiento, estética, dinero, ansiedad, gimnasio, resaca… Y se han popularizado tendencias, retos o movimientos con nombre propio que animan a darse un descanso del alcohol: sober curious (‘sobrio curioso’), sober October (‘octubre sobrio’) y el ya clásico dry January (‘enero seco), que anima a “empezar el año limpio” después de las fiestas navideñas. 

Aunque el abandono total del consumo (o no iniciarse nunca en él) sean las opciones más simples y eficaces para evitar cualquier daño del alcohol o cualquier otra droga, tampoco debemos dejar de lado el hecho de que beber también tiene sus ventajas. En determinados contextos, para algunas personas, los efectos prosociales y psicológicos de un consumo moderado de alcohol pueden superar a los riesgos y daños que produce a otros niveles…, y que, en última instancia, la decisión de consumir cualquier sustancia debe ser una decisión libre de cada persona en base a su propia valoración subjetiva (pero informada) de beneficios vs. riesgos. 

Sin ir más lejos, aunque yo sea siempre muy crítico con la baja percepción de riesgo que tenemos sobre el alcohol en nuestra sociedad, no niego su utilidad social o los elementos positivos que puede tener en ciertos contextos. A mí (al igual que a otras muchas personas que fuimos adolescentes tímidos) me fue de enorme utilidad como herramienta de socialización en mis años de adolescencia, y en cierta medida contribuyó positivamente en mi proceso de desarrollo social. Pero, como siempre sucede, los usos y riesgos que una droga pueda tener en una persona concreta en un determinado momento cambian con el tiempo y no se pueden extrapolar a toda la sociedad siempre, porque dependen de una compleja interrelación entre las variables de individuo, contexto y sustancia, y la libertad individual de cada cual.

Es por ello que, pese a que muchas personas puedan ver que en su vida el balance beneficio-riesgo del alcohol tiende a ser negativo habitualmente (sobre todo, con el paso de los años), no todo el mundo está dispuesto a abandonar completamente su consumo. E incluso aquellas personas que así lo deciden, pueden tener dificultades para mantenerse abstemios en contextos sociales donde disfrutaban de la lubricación que confiere una ligera embriaguez y, con el tiempo, algunas de estas personas tienden a aislarse o a volver a beber. ¿Hay otras vías de reducir los riesgos y daños del alcohol que no sean únicamente la abstinencia?

Las bebidas funcionales de GABA Labs, esto es “pseudoalcoholes sin resaca” 

¿Cerveza sin resaca?: la revolución de las nuevas bebidas funcionales

Fotos: Laura Aranda

Si pudiésemos crear una bebida que mantuviese en la medida de lo posible los efectos “positivos” del alcohol y el ritual de consumo, pero a la vez minimizase sus riesgos y daños, estaríamos solucionando una buena parte del dilema. De hecho, incluso prácticamente acabaríamos con el dilema y tendríamos una solución casi perfecta. Y en este punto es donde entra en escena el catedrático de neuropsicofarmacología del Imperial College de Londres, el profesor David Nutt.

Nutt, un famoso investigador y activista del mundo de las drogas, autor de famosos estudios como el que coloca al alcohol en la cúspide de las drogas más dañinas, lleva años explorando la idea de crear una alternativa al alcohol que pueda emular sus efectos prosociales reduciendo lo más posible sus riesgos y daños. Su trabajo, que ha canalizado a través del laboratorio GABA Labs, que él mismo ha fundado, está cristalizando en varias líneas de productos de reciente lanzamiento y que en estos últimos meses han tenido bastante eco mediático en España. 

Estoy hablando de las líneas de “bebidas funcionales” que, sin contener etanol, intentan imitar los efectos de las bebidas alcohólicas, que Nutt está lanzando de la mano de la empresa Sentia Spirits, como la “cerveza” (GAByr), el “whiskey” (Casck) o los “licores” herbales (Gaba Black, Gaba Gold, Gaba Red) y otras promesas de futuros lanzamientos. 

Bebidas que, combinando compuestos vegetales ligeramente psicoactivos como la ashwagandha, la magnolia, la pasiflora, el ginseng o el roble blanco, que teóricamente producen efectos sinérgicos en los receptores GABA del cerebro, producen efectos parecidos a los del alcohol, pero sin sus principales peligros, como la resaca o la adicción. 

En los electroencefalogramas (EEG) cerebrales que GABA Labs encargó a la Universidad de Exeter, Sentia muestra un aumento de las ondas alfa y una disminución de las ondas gamma al cabo de unos quince minutos: un estado que se asocia más a menudo con la meditación, sin los evidentes efectos sedantes que se observan en EEG similares del alcohol. Según Nutt, la investigación también mostró que el efecto de Sentia se desvanece al cabo de media hora aproximadamente, y que beber más cantidad no aumenta la intensidad del efecto, sino que lo prolonga. 

Desde una perspectiva de reducción de riesgos y daños, esta alternativa sería muy buena opción para aquellas personas que quieran acercarse a los efectos del alcohol sin exponerse a sus múltiples riesgos o reduciendo mucho su peligrosidad, pero, desgraciadamente, aunque el papel lo aguante todo, en el mundo real pocas veces existen soluciones tan perfectas a problemas tan antiguos.

La realidad actual de los primeros lanzamientos de Sentia Spirits 

He tenido ya la oportunidad de probar varias de estas bebidas y de leer cientos de comentarios en redes de personas que también las han probado. Si bien tienen un sabor curioso que genera bastante polaridad amor-odio y un efecto relajante que puede sentirse claramente (y que mucha gente valora positivamente), coincido con la opinión de muchos comentarios de usuarios en que todavía están muy lejos de replicar el efecto euforizante-desinhibidor del alcohol que tanto se busca socialmente, aunque algo hacen. 

¿Quiere decir esto que esta alternativa no funcione o que quienes no quieran renunciar a los efectos del alcohol tengan que resignarse a seguir bebiendo? En absoluto. Habrá mucha gente que pueda encontrar que estas bebidas tienen un efecto lo suficientemente agradable como para convertirse en un aliado decente para socializar o relajarse sin necesidad de alcohol, y de hecho hay bastantes reportes de personas que han sustituido su uso de alcohol por estas nuevas bebidas, pero para otros muchos todavía estará lejos de parecerse lo suficiente. 

Si alguien quiere probar estas bebidas y valorar por sí mismo, algunas ya se pueden comprar por internet directamente al fabricante, rondan los treinta y cinco euros la botella, y mi recomendación es bastante obvia pero necesaria: 

  • Que sean legales y menos peligrosas que el alcohol no implica que sean inocuas; todas las sustancias psicoactivas pueden tener riesgos que hay que considerar, aunque sean leves. 

  • Aunque los alcoholímetros no las detecten, su efecto puede llegar a ser incompatible con la conducción, así que no hay que conducir o hacer tareas peligrosas por si acaso. 

  • Empezaremos poco a poco, y esperaremos el efecto antes de tomar más; es una sustancia nueva cuyo efecto en nosotros no conocemos. 

  • No tomaremos más cantidad que la recomendada (unos 100 ml al día de Sentia). 

  • No mezclaremos con otros depresores (alcohol, benzos, opioides), para evitar sinergias. 

  • Ojo si tenemos problemas cardiovasculares, embarazo, medicación psiquiátrica, etc. 

  • Si nuestra relación con el alcohol ha sido problemática: hay que plantearse si esto puede ser un disparador. 

Un futuro prometedor 

Afortunadamente, la gran apuesta de Nutt no son estos primeros lanzamientos a base de compuestos vegetales que legalmente eran fáciles de formular, sino una nueva molécula sintética en la que lleva años trabajando: Alcarelle (antes conocida en prensa como alcosynth), creada ex profeso en laboratorio para imitar los efectos positivos del alcohol minimizando sus riesgos y daños. Al ser esta una molécula totalmente nueva, tendrá que pasar por varios estudios y controles que demuestren su seguridad para el consumo y se demorarán varios años, pero es un buen indicio de que este campo puede tener un buen futuro. 

No olvidemos que este concepto de los “alcoholes sin resaca” o “alternativas al alcohol” no es nada nuevo, sino que llevan décadas siendo el santo grial que busca la multimillonaria industria del alcohol para evolucionar y renovarse, evitando perder un gran negocio por el avance de los tiempos y la sociedad. Y ya ha habido muchos intentos pasados: desde las estrategias de reducción de daños para beber “mejor”, hasta los productos antirresaca o a las múltiples alternativas al alcohol que se han popularizado con mayor o menor éxito en las últimas décadas, como las bebidas a base de kava, kratom, el CBD, o hasta en algunos casos el uso sustitutivo de cannabis, ghb, benzos, codeína o ketamina.

En el futuro, probablemente veremos cada vez más bebidas que compitan por el espacio intermedio entre la sobriedad estricta y la ebriedad dañina. Algunas serán puro humo. Otras, quizá, acabarán siendo herramientas reales para la reducción de daños que puedan tener un impacto positivo en la salud pública y en la vida de tantos como Alberto.

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #336

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