Cholula es un suburbio pegado a la ciudad de Puebla, en el estado del mismo nombre, de calles hermosas y coloridas, barecitos y restaurantes coquetos. Cholula alberga la pirámide más grande del mundo en términos de volumen y masa. No solo eso, sino que en la punta de la pirámide construyeron un templo católico, la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, encumbrada sobre las culturas olmeca y tolteca, que habitaron esta zona en épocas prehispánicas. La tradición oral narra que el gigante Xelhua construyó la pirámide en honor a un dios. Choluweed, como también la llaman los marihuanos, es un destino turístico demasiado bonito donde la gentrificación aún no llega del todo. Cory, el canadiense, ya me había dicho que había una buena movida artística y cultural. Los fieles lectores recordarán que hice un artículo acerca de la ciudad de Puebla, donde fui juez de la Copa Cannábica de Puebla, pero no me dio tiempo de visitar Cholula, aunque algunos de sus residentes me recomendaron que fuera. La vida puso unos amigos de ahí en mi camino, DJ Dussik, el Negro Funkie y Vladi. Los invité a tocar a Tepoztlán, y ellos a su vez me invitaron a dar una plática a un club cultural cannábico llamado el Spot 420. Habría que conocerlo.
Su nombre oficial es San Pedro Cholula –deriva del náhuatl chololoa, que significa “despeñarse el agua” o “agua que cae”–, y está cerca del estado de Tlaxcala. Su población apenas roza los 150.000 habitantes. En este municipio, los precios son más bajos que en muchas partes de la república mexicana. Yo llegué un jueves por la tarde y esperé a mis amigos en el bar de un hotel, después de comer unas cemitas, comida tradicional que es básicamente un pan tradicional de la zona lleno de carne, y luego nos dirigimos al estudio del Dussik. Inmediatamente sacaron una yerba de excelente calidad. A las 4:20 ya estábamos volando alto. Cargamos el auto con todo el equipo musical, porque ellos iban a amenizar el evento en donde yo sería el invitado especial presentando mi libro, Aventuras de un psiconauta, donde narro mis aventuras pachecas alrededor del mundo.
“Toda la banda se prende, pero a escondidas. Las autoridades están desinformadas y cometen actos de corrupción al usuario, así que nunca hay que confiarse”
Todo en Cholula está cerca, si uno se da la tarea de caminarlo; en un día se habrán recorrido todas las calles, así que llegamos rápidamente al Spot 420. Está en una esquina, pero el local es muy pequeño, como de 2 x 2, y solo tienen unos papeles para liar y algo de parafernalia. La chica que atiende reconoce a los DJ y jala una palanca abriendo una puerta al lado del local. Vamos por ahí, atravesando un pasillo que lleva a unas escaleras y al final se abre el recinto: tiene dos pisos y como veinte mesas, hay un futbolín y está decorado con grafiti y cuadros con temática marihuana y pósteres con información acerca del cannabis. La barra vende todo tipo de porros (conté veinte frascos llenos de diferentes variedades), y tienen cervezas y algo de botana. Ahí trabaja el ReiWeed, un cultivador top, que me reconoce y me ofrece un porro y una cerveza, que acepto gustosamente. Ahí todos están fumando, así que mientras los DJ conectan sus aparatos, yo me prendo el churro y recorro el local. Estoy sorprendido de que exista un lugar así en uno de los estados más conservadores de México; Cholula cuenta con 283 iglesias y parroquias, cada una con su fiesta anual. Aunque sí está un poco escondido y solo gente conocida entra al recinto, el olor sale por las ventanas y, afuera, las cuatro esquinas huelen a maría.
ReiWeed, también activista en pro del cáñamo y el cannabis, nos dice: “Toda la banda se prende, pero a escondidas. Las autoridades están desinformadas y cometen actos de corrupción al usuario, así que nunca hay que confiarse. El municipio tiene documentos donde se les informa que hacemos actividades relacionadas con el cannabis y cáñamo. Aun así, con documentos sellados por el municipio de Cholula, si dan aviso a la parte policíaca puede haber conflictos; aquí hemos podido operar porque los usuarios buscan lugares seguros donde puedan hacer uso de la sagrada planta, donde tengan la seguridad de no ser molestados”.
Esperemos que no tengan problemas porque después vi el menú y tienen de todo: hash y varios tipos de mota, desde treinta euros/pesos la onza hasta ciento cincuenta euros. También hay hongos, chocohongos, comestibles…: de todo para andar bien colocados. La plática fue un éxito, y cabe mencionar que en el lugar me encontré varios números de la revista Cáñamo.
Al día siguiente me di a la tarea de explorar más de la cultura cannábica y conocí a dos productores de CBD, que tienen sus tiendas en la parte central. Pero no solo venden CBD, también tienen aceites de THC, gomitas y varios productos. “Pronto habrá una marcha cannábica en Choluweed”, advierte ReiWeed.