La ibogaína, alcaloide de Tabernanthe iboga asociado a prácticas Bwiti en África Central, lleva años en el centro de un dilema, ya que por un lado existe mucha experiences acumulda sobre su capacidad de producir cambios profundos en consumo problemático y trauma y, por otro, el riesgo cardíaco difícil de ignorar. La preocupación principal es la posibilidad de arritmias, especialmente en contextos no regulados y con preparados no estandarizados.
En el artículo, la atención se centra en cómo la ibogaína actúa en la sinapsis. En pruebas con células y tejido, la ibogaína y su metabolito noribogaína bloquean VMAT2, que ayuda a guardar ciertos neurotransmisores en vesículas. También frenan el transportador de serotonina (SERT) y OCT2. Con ese patrón, los autores proponen el término Synaptic Reuptake Inhibitors (SynRIs) para compuestos que combinan el bloqueo de VMAT2 y SERT con una potencia similar.
La hipótesis de los investigadores radica en que la experiencia y los posibles efectos terapéuticos no se explicarían por una sola razón, sino por una suma de acciones que se refuerzan o se compensan. Ese marco, además, intenta responder una rareza de la ibogaína que es capaz de bloquear VMAT2 sin reproducir de manera nítida algunos efectos motores descritos para otros inhibidores.
Otra investigación publicada en febrero de 2026 recuerda que la evidencia sobre seguridad sigue apoyada, en buena medida, en reportes de casos y registros forenses. Ese mapa de riesgo ayuda a entender por qué el dinero se mueve hacia compuestos “cardioseguros”, como lo ocurrido en 2024, cuando Gilgamesh Pharmaceuticals anunció una subvención del NIDA por 14 millones de dólares para avanzar un análogo de ibogaína y en 2025 AbbVie comunicó un acuerdo para adquirir bretisilocina, otro candidato de la misma compañía, por hasta 1.200 millones de dólares.
Si bien la ibogaína promete rapidez donde los procedimientos clínicos suelen ser lentos, tiene una discusión pendiente con respecto a estándares, acceso y extractivismo. Si la investigación descrita sirve para algo más que acelerar patentes, debería abrir espacio a protocolos seguros, investigación pública y un diálogo menos asimétrico con las tradiciones que sostuvieron a la iboga antes del laboratorio.
Descifrando la farmacología matricial de la ibogaína: modulación de múltiples transportadores en las sinapsis de serotonina.