Durante años, buena parte de la literatura sobre cannabis y cognición se concentró en pruebas relativamente acotadas, sobre todo de memoria verbal. El nuevo trabajo publicado en el Journal of Psychopharmacology y firmado por Carrie Cuttler y Ryan J. McLaughlin, quiso ampliar ese mapa. Para hacerlo, el equipo asignó aleatoriamente a 120 usuarios de cannabis a vaporizar placebo, 20 miligramos de THC o 40 miligramos de THC y luego las sometió a una batería amplia de pruebas de memoria.
Según el resumen del artículo, el cannabis perjudicó el rendimiento en memoria verbal inmediata y diferida, memoria visuoespacial, memoria prospectiva asociada a eventos, memoria de fuente y memoria de orden temporal, además de aumentar la susceptibilidad a falsos recuerdos. Según la investigación, no se trataría solo de olvidar datos o perder el hilo de una conversación, sino también de confundir de dónde salió una información o recordar como vivido algo que no ocurrió.
Uno de los puntos más llamativos es que no se observaron diferencias significativas entre la dosis moderada y la más alta, lo que sugiere que el deterioro medible puede aparecer en rangos que no siempre coinciden con la idea asociada al consumo excesivo. En ese marco, ciertas actividades que dependen de recordar con precisión, cumplir una tarea más tarde o reconstruir hechos con claridad pueden verse afectadas incluso cuando la persona no se percibe en un estado extremo.
Es importante dejar en claro que la investigación aborda los efectos agudos observados en condiciones experimentales y en usuarios de cannabis; no resuelve por sí solo qué ocurre con otros patrones de uso, otras vías de administración o contextos clínicos específicos, pero sí suma una pieza relevante a un debate público donde el aumento de la potencia en el cannabis (y productos relacionados) suelen avanzar más rápido que la conversación informada.