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Suiza mide menos mercado ilegal y menor consumo

En Lausana, un ensayo suizo de venta regulada de cannabis está demostrando que, cuando el acceso legal se diseña con control, información y seguimiento sanitario, el mercado ilegal pierde terreno sin que el consumo crezca.

Presentado como uno de los ensayos científicos con los que Suiza está probando modelos de venta controlada de cannabis de uso adulto, Cann-L funciona en Lausana bajo una lógica muy distinta a la de una legalización general. El proyecto se dirige a personas que ya consumían cannabis y viven en la ciudad, cuenta con un punto de venta especializado, acompañamiento sanitario y un diseño sin ánimo de lucro. Desde ahí, busca comprobar si una oferta legal, segura y regulada puede disputar espacio al mercado ilegal y, al mismo tiempo, reducir riesgos asociados al consumo. En ese contexto, el piloto dialoga con el debate más amplio sobre la regulación del cannabis adulto que el país viene discutiendo en los últimos años.

En el balance del informe, el cambio en los canales de compra aparece como uno de los resultados más relevantes. Tras 18 meses de seguimiento, el 69% de las personas participantes compraba “casi siempre” o “siempre” en Cann-L, mientras otro 6% lo hacía la mayor parte del tiempo. Según la síntesis de Addiction Suisse, el proyecto cubre actualmente el 20% del consumo estimado de cannabis en Lausana y ha sustraído más de 2 millones de francos suizos al mercado ilegal. La experiencia suiza permite leer, desde otro escenario, una tensión que también atraviesa a modelos más consolidados donde queda de maniefiesto la dificultad de desplazar por completo el mercado ilegal incluso cuando existen canales regulados.

Frente al temor habitual de que una regulación aumente el consumo, los datos del piloto apuntan en otra dirección. La cantidad media mensual pasó de 15,8 gramos al inicio del proyecto a 12 gramos después de 18 meses y el informe señala que tanto la cantidad como la frecuencia disminuyeron significativamente en promedio. Las reducciones fueron más marcadas entre quienes consumían con mayor frecuencia al ingresar al programa. También se observaron señales de reducción de daños con 96 participantes que decidieron acceder a una consulta médica voluntaria.

Estos resultados llegan en un momento en que Suiza discute una nueva ley federal sobre productos cannábicos. La Oficina Federal de Salud Pública sostiene que el anteproyecto busca dar a las personas adultas un acceso estrictamente regulado, con la salud pública y la protección de la juventud como ejes centrales. En ese sentido, el ensayo de Lausana aporta evidencia concreta a ese debate, porque muestra que regular no significa desentenderse del consumo, sino intervenir sobre precio, calidad, información y acceso sanitario.

La experiencia de Cann-L sugiere que la pregunta no es solo si regular o prohibir, sino cómo se diseña la regulación. Cuando el canal legal compite con el mercado ilegal sin promover el consumo, incorpora control de calidad y abre puertas al sistema de salud, la política de drogas deja de girar alrededor del castigo y empieza a entregar datos y resultados verificables.

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