La Universidad de Johannesburgo informó que trabaja junto con la empresa Canna-B-Africa en un bloque elaborado con la parte leñosa interna del tallo del cáñamo (ca;amiza) y un aglutinante natural a base de cal. El prototipo fue presentado en febrero durante una cumbre sobre tecnologías innovadoras para la construcción y continúa sometido a pruebas de laboratorio, validación y certificación.
Sus desarrolladores lo plantean como un material ligero, aislante y pensado para viviendas rurales. También le atribuyen capacidad para regular la humedad y la temperatura, además de resistencia al fuego, el moho y determinadas plagas. Por ahora, no se han publicado resultados técnicos independientes que permitan comprobar esas prestaciones en este producto concreto ni compararlas con las de los materiales convencionales.
Es importante considerar que los compuestos de cáñamo y cal no cumplen necesariamente la misma función que un ladrillo estructural. El hempcrete suele emplearse como aislamiento, relleno o cerramiento, mientras que su rendimiento depende de factores como la mezcla, la densidad, el aglutinante y las condiciones climáticas. En Cáñamo ya contamos cómo el hempcrete gana terreno legislativo en Hawái, donde también se discute su incorporación a los códigos de construcción.
El proyecto sudafricano pretende vincular el nuevo material con una cadena productiva local. Canna-B-Africa sostiene que el cultivo, el procesamiento y la fabricación podrían generar empleo rural y reducir la dependencia de insumos importados. Esa expectativa coincide con los planes para ampliar una industria considerada estratégica, aunque el paso desde un prototipo universitario hasta viviendas a gran escala exige resolver costes, suministro, normas y capacidad industrial.
Las credenciales ambientales requieren el mismo cuidado. Los materiales con cáñamo pueden almacenar carbono durante el crecimiento de la planta, pero su balance final varía según los fertilizantes, el transporte, la energía empleada y la composición del aglutinante. La investigación sobre otros usos muestra que la planta puede incorporarse a distintas cadenas de biomateriales, como ocurre con las cáscaras de semillas de cáñamo utilizadas en bioplásticos, sin que esa condición garantice automáticamente un producto sostenible.
El bloque desarrollado en Johannesburgo muestra un camino posible para el cáñamo industrial más allá de los usos medicinales o recreativos. Su relevancia no estará en las promesas que acompañan al prototipo, sino en demostrar que puede ofrecer viviendas habitables, asequibles y ambientalmente responsables bajo condiciones reales.