El estudio fue publicado en la revista Molecules por investigadoras del Instituto de Bioprospección y Fisiología Vegetal (INBIOFIV), dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Tucumán. El equipo trabajó con hojas del quimiotipo local INBIOFIV 00500 Tuc, que fueron secadas, molidas y sometidas a distintas combinaciones de etanol, tiempo y proporción de solvente.
El objetivo no era extraer principalmente cannabinoides, sino recuperar fenoles y flavonoides, compuestos vegetales de interés para posibles aplicaciones alimentarias, cosméticas y farmacéuticas. Esta investigación está en sintonía con otro proyecto argentino dedicado a estudiar las hojas, desarrollado por la Universidad Nacional de Rosario y el CONICET.
El modelo experimental señaló como condiciones óptimas una solución de etanol al 46%, una parte de hojas por diez de solvente, 70% de amplitud y una temperatura de 30 grados. Aunque el modelo inicial indicaba que bastaba con un minuto de tratamiento con ultrasonido, las pruebas mostraron que el rendimiento alcanzaba una meseta a los seis minutos, sin aumentos significativos después de ese punto. El ultrasonido genera microburbujas que alteran el tejido vegetal y facilitan la liberación de los compuestos.
Bajo esas condiciones, el extracto presentó concentraciones elevadas de compuestos fenólicos y flavonoides, además de actividad antioxidante en un ensayo químico. La toxicidad aguda se evaluó con Artemia salina, un pequeño crustáceo usado como modelo preliminar y no se observaron efectos significativos en las condiciones probadas.
La evaluación ambiental también fue exploratoria. El equipo calculó un consumo de 0,329 kilovatios hora y una huella de 0,12 kilos de CO₂ por lote de laboratorio. Los autores advierten que todavía se necesitan pruebas piloto y un análisis completo del ciclo de vida para saber si la eficiencia se mantiene al escalar el proceso.
La propuesta, por ahora, es no mirar las hojas solo como descarte, sino como una materia prima posible. Convertir esa posibilidad en una cadena circular requerirá repetir resultados, recuperar solventes y demostrar que el método funciona fuera del laboratorio.