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Los psicodélicos llegan al deporte sin pruebas de mejorar el rendimiento

Atletas de distintas disciplinas relataron que la psilocibina y otros psicodélicos les ayudaron a concentrarse, tolerar el esfuerzo o sentir una mejor recuperación. Sin embargo, la investigación disponible no demuestra que aumenten la fuerza, la resistencia o la velocidad.

Un reportaje del sitio especializado DoubleBlind recoge experiencias de diferentes deportistas como luchadores, corredores y esquiadores con la psilocibina y algunos de ellos describieron mayor conexión corporal, menos dolor o facilidad para alcanzar un estado de fluidez. En tanto, un corredor entrevistado por DoubleBlind observó una distorsión en la percepción del tiempo en las subidas, aunque el esfuerzo le parecía menor.

Este interés de ahondar en la relación psicodélicos y deporte también aparece en investigaciones recientes, aunque sus alcances han sido limitados. Una encuesta en línea publicada en 2024 reunió a 85 atletas y 90 integrantes de equipos deportivos de Canadá y EE UU. Entre los deportistas consultados, el 35,8 % declaró haber usado psicodélicos durante el año anterior y el 61,2 % se mostró dispuesto a considerar una terapia asistida con psilocibina frente a síntomas persistentes de una conmoción cerebral. El estudio midió consumo y actitudes, pero no la eficacia terapéutica ni mejoras deportivas.

En tanto una publicación académica de 2025 advirtió que siguen siendo escasos los estudios sobre fuerza muscular, coordinación, resistencia, metabolismo, hidratación y regulación hormonal. Los posibles efectos sobre el dolor o la inflamación proceden principalmente de evidencia preclínica y todavía no permiten recomendar estas sustancias para entrenar o competir por lo que la relación entre ejercicio y psicodélicos continuará en una etapa exploratoria.

Otro estudio transversal, publicado en marzo de 2026 entre atletas de resistencia de Brasil, encontró apertura hacia terapias psicodélicas legales y supervisadas dando como resultado un alto interés y percepciones, pero no un aumento comprobado del rendimiento.

Estos resultados coinciden con una tendencia observada en otros trabajos recientes: muchos deportistas muestran curiosidad por el posible uso terapéutico de los psicodélicos para afrontar el estrés, el dolor o las secuelas de lesiones, pero la evidencia científica disponible todavía no permite concluir que estas sustancias mejoren capacidades físicas como la resistencia, la fuerza o la velocidad. La diferencia entre expectativas, experiencias subjetivas y resultados medibles sigue siendo uno de los principales retos para la investigación en este campo. 

Por eso, desestigmatizar la investigación sobre psicodélicos permite formular mejores preguntas, pero no convierte las experiencias personales en evidencia. En el deporte, donde una percepción alterada puede afectar la seguridad, distinguir entre sentirse mejor y rendir más resulta especialmente necesario.

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