Durante dos sesiones, la Comisión Conjunta de Agricultura y Alimentación del Oireachtas examinó la situación del sector. Teagasc, la autoridad irlandesa de investigación y asesoría agrícola, sostuvo que décadas de ensayos muestran que el cáñamo se adapta al clima local y requiere pocos productos fitosanitarios. Sin embargo, el conocimiento agronómico no produjo una superficie relevante y el Departamento de Agricultura cifró en unas 11 hectáreas el área declarada en 2026.
Una de las razones de la poca actividad agrícola del cáñamo es que después de la cosecha surge el principal cuello de botella, porque Irlanda carece de capacidad suficiente para descortezar e hilar la fibra. Un informe oficial de 2022 concluyó que el cultivo para fibra no era viable en las condiciones examinadas y condicionó cualquier expansión a mercados estables, inversión en procesamiento y coordinación de la cadena. El diagnóstico recuerda al renovado interés por el cáñamo industrial en Reino Unido, donde las licencias y la comercialización también frenan el despegue.
Entre las salidas con mayor potencial, Teagasc mencionó la fabricación de aislamientos, paneles, biocompuestos y hempcrete Aun así, evitó presentar el cultivo como una solución climática automática, ya que el balance depende del suelo, del uso anterior de la tierra y del destino del material.
El marco regulatorio también mostró contradicciones. La declaración inicial de Teagasc afirmó que las licencias impedían cosechar flores y semillas. Una semana después, el Departamento de Agricultura precisó que tallos, fibra y semillas dejan de estar sujetos a control al separarse de la planta, mientras que las hojas y flores no pueden procesarse ni venderse y deben destruirse. La aclaración no elimina el problema, pues los cultivadores necesitan una licencia anual antes de sembrar.
A escala local, el proyecto comunitario Hemp4Soil aportó una experiencia concreta. Nueve agricultores de la península de Loop Head probaron el cultivo durante un año y observaron que los retrasos en las licencias afectaron la siembra. Sus responsables pidieron permisos plurianuales y advirtieron que, sin descortezado ni compradores, el interés agrícola no puede convertirse en una bioeconomía local.
La comisión no anunció una reforma, pero dejó expuesta una disputa de responsabilidades. El Gobierno espera una propuesta financiera robusta de la industria, mientras productores y comunidades sostienen que la inversión privada no llegará sin apoyo público coordinado. Si bien en Irlanda, el cáñamo ya superó la prueba agronómica, todavía no logra superar la del mercado.