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Industria del cannabis en Canadá está priorizando la exportación

Productores y grandes compañías de cannabis en Canadá están reorientando parte de su negocio hacia mercados internacionales producto de un mercado interno descrito como saturado, con presión de precios y con cargas fiscales y regulatorias. En la práctica, esa combinación deja márgenes cada vez más estrechos y vuelve más difícil sostener inversiones, innovación y crecimiento dentro del país.

Un documento de la BC Cannabis Alliance señala que el impuesto especial federal de 1 dólar canadiense por gramo se recomendó cuando se estimaba un precio mayorista de 10 dólares por gramo. Sin embargo, con un precio minorista promedio de 4,82 dólares por gramo en 2024, la tasa efectiva termina siendo “más de tres veces” la prevista originalmente.

En el caso de Columbia Británica, se suma además un complejo sistema de recargos y programas provinciales que, según el mismo texto, puede convertir una medida concebida para apoyar a los pequeños productores en una penalización.

En ese contexto, exportar funciona como una válvula de escape, ya que las ventas internacionales no están sujetas al impuesto especial canadiense y los precios por gramo suelen ser más altos. Asimismo, ofrece una salida comercial ante un mercado doméstico que obliga a competir mediante grandes volúmenes y descuentos permanentes.

El medio especializado StratCann ha seguido de cerca esta tendencia y describe cómo varias firmas canadienses están mirando más allá de sus fronteras, acelerando su estrategia internacional con Europa como horizonte prioritario. Dentro de ese grupo de empresas destaca Aurora, que comunicó que empezará a salir de “ciertos mercados” para concentrarse en segmentos de mayor valor y priorizar su negocio a nivel global.

Resulta paradójico que el país que marcó el ritmo de la legalización recreativa enfrente ahora el riesgo de que su propio diseño fiscal empuje a los operadores —tanto grandes como pequeños— a mirar primero hacia el exterior. Si bien exportar puede sostener a las empresas y el empleo, también envía la señal de que, cuando la rentabilidad depende de las ventas externas, el mercado interno pierde dinamismo y se debilita la promesa de la legalización como una alternativa competitiva

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