La SB 220, firmada por Kemp el 12 de mayo, empezó a regir el primer día de julio con cambios que tocan la forma de consumo, las condiciones médicas y los puntos de venta. La norma autoriza el vapeo para pacientes mayores de 21 años, incorpora diagnósticos como lupus, VIH y elimina el requisito de “etapa terminal” para enfermedades como cáncer o esclerosis múltiple. Además, fija en 12.000 miligramos de THC el nuevo límite de posesión simultánea, una cifra que no equivale a la dosis de un producto, sino al total que una persona registrada puede tener consigo.
En la práctica, la ampliación más sensible está en la habilitación a farmacias independientes con licencia estatal y registro de la DEA para vender cannabis medicinal. Hasta ahora, el acceso dependía de dispensarios específicos, por lo que la entrada de más de 50 farmacias independientes puede acercar el programa a pacientes que no viven cerca de esos locales. La Georgia Access to Medical Cannabis Commission , encargada de supervisar el sistema, también asume tareas de educación pública sobre sus posibles beneficios.
Brian Kemp, el gobernador de Georgia sostuvo que “muchos estados que adoptaron la legalización recreativa han llegado a arrepentirse”, pero al mismo tiempo defendió que el cannabis medicinal puede aliviar a personas que, de otro modo, podrían recurrir a opioides más dañinos. Ese argumento ya apareció en la apertura de los primeros dispensarios en Alabama, otro estado del sur que hasta hace poco no tenía ningún acceso legal al cannabis.
La primera jornada bajo las nuevas reglas dejó una escena útil para medir el cambio: en un local de Trulieve en Marietta, el veterano retirado del ejército Desi Cleveland se convirtió en el primer comprador de flor entera, un vaporizador desechable y una crema tópica. Trulieve opera seis tiendas en Georgia y abastece a más de una docena de farmacias, una red todavía incipiente si se compara con los 742 dispensarios que ya funcionan en Florida.
Georgia no cruzó la línea del uso adulto y Kemp se encargó de dejar en claro su postura sobre la legalidad del uso adulto. Pero incluso dentro de esa postura política, el programa médico empieza a moverse y a generar una incipiente red para que los paciente puedan acceder al cannabis medicinal .