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Europa amplía la reducción de daños pero mantiene brechas

La Agencia de Drogas de la Unión Europea confirma avances en esta área en varios países, pero advierte que la cobertura continúa siendo desigual y que los indicadores de cada país no siempre permiten comparaciones directas.

La reducción de daños se ha incorporado a una respuesta europea que ya no se limita al intercambio de agujas. El European Drug Report 2026, que también registró la aparición de 50 nuevas sustancias psicoactivas durante 2025, reúne programas de naloxona para llevar a casa, tratamiento con agonistas opioides, servicios de análisis de sustancias —conocidos como drug checking—, salas de consumo y materiales destinados a reducir los riesgos asociados a fumar o inyectarse drogas.

Los programas de agujas y jeringas funcionaban en 2024 en todos los Estados miembros de la Unión Europea y en Noruega. Sin embargo, solo siete de los 25 países con datos disponibles alcanzaban el objetivo de provisión fijado por la Organización Mundial de la Salud para 2025. En el tratamiento con agonistas opioides, 14 de los 22 países informantes cumplían la meta, aunque solo nueve aportaban también datos sobre cobertura de jeringas.

El propio informe advierte que las comparaciones deben hacerse con prudencia ya que la Agencia de Drogas de la Unión Europea (EUDA) combina estimaciones nacionales de consumo de alto riesgo con datos de actividad de los servicios que pueden tener hasta dos años de diferencia. En Bélgica, además, la estimación de cobertura del tratamiento con agonistas opioides procede de un estudio subnacional de 2019. Las cifras permiten detectar brechas, pero no construir un ranking exacto ni asumir que la existencia formal de un programa garantiza acceso suficiente.

Las diferencias aparecen también al observar cada intervención. En 2025, la naloxona para llevar a casa estaba disponible en 19 países europeos; once comunicaron algún servicio de análisis de sustancias y 100 salas de consumo funcionaban en 13 Estados miembros de la UE y en Noruega. La agencia considera sólida la evidencia para los programas de jeringas y la naloxona, mientras que la evaluación de otros materiales continúa siendo emergente o insuficiente. En el caso de las salas de consumo, reconoce beneficios potenciales, aunque señala que su estudio sigue siendo complejo por las diferencias entre contextos y modelos de servicio.

Más allá del número de programas, la experiencia europea muestra que ampliar el repertorio no resuelve por sí solo la desigualdad territorial. La reducción de daños necesita estructuras estables, financiación sostenida y servicios capaces de llegar también a prisiones, periferias y personas alejadas del sistema sanitario. El avance se mide menos por la cantidad de herramientas disponibles que por quién puede utilizarlas cuando las necesita.

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