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Estudian el potencial anticancerígeno del cannabis

A partir de un extracto del tallo de la marihuana, investigadores observaron actividad frente a células de cáncer colorrectal. El hallazgo no supone una vía de tratamiento, pero sí suma una nueva pista sobre el valor científico de estudiar partes de la planta que suelen quedar fuera del foco.

Aunque el cannabis suele ocupar titulares por sus cogollos, sus cannabinoides o sus usos terapéuticos más conocidos, esta investigación se centra en una zona menos visible de la planta: los tallos del cannabis. A partir de ese material, el equipo elaboró un extracto y analizó su composición química, donde aparecieron compuestos fenólicos y flavonoides como pirogalol, resveratrol, ácido clorogénico y epicatequina. Esta última fue descrita como el flavonoide más abundante, con 1.994,4 mg/L, un dato que ayuda a entender por qué la investigación se interesa por partes de la planta que casi siempre han quedado relegadas al uso industrial o directamente al descarte.

Para observar su actividad biológica, los investigadores recurrieron a un ensayo MTT con células HT-29 de adenocarcinoma colorrectal humano y células HEK-293 de riñón embrionario humano, utilizadas como punto de comparación. En términos simples, hizo falta una menor cantidad del extracto para afectar a las células tumorales que a las células usadas como comparación. En ese modelo de laboratorio, por tanto, la toxicidad fue mayor sobre las células de cáncer colorrectal que sobre las células de comparación, una señal de selectividad experimental que todavía está lejos de cualquier lectura médica inmediata.

El estudio también usó simulaciones por ordenador para observar si algunos compuestos del tallo podían encajar con una proteína vinculada al crecimiento de las células tumorales. La epicatequina y el resveratrol mostraron una interacción interesante en ese modelo, cercana a la de un fármaco usado como referencia por los investigadores. Aun así, este tipo de prueba sirve para orientar nuevas investigaciones, no para demostrar que un extracto funcione como tratamiento.

Por lo anterior, vale la pena precisar que no estamos ante una prueba de que el cannabis cure el cáncer, ni ante una indicación terapéutica. Lo que ofrece el estudio es una pista sobre ciertos compuestos presentes en el tallo podrían merecer una investigación más profunda, dentro de los pasos exigentes que separan una observación celular de un posible desarrollo biomédico y que explican el interés creciente por estudiar la relación entre cannabis y cáncer con herramientas más rigurosas.

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