Si hay un lugar donde esa estructura se vuelve visible de inmediato, es en el comercio minorista. Statistics Canada registró 3.295 negocios minoristas de cannabis con empleados a fines de 2025 y más de la mitad se movía en la escala más pequeña: 1.694 tenían entre 1 y 4 personas contratadas, mientras otros 1.066 contaban con 5 a 9. Más que un mercado dominado de forma exclusiva por grandes cadenas, lo que aparece es una trama extendida de tiendas de cannabis autorizadas que sostienen la presencia cotidiana del cannabis legal en el territorio.
El informe oficial señala que 112 de los 123 procesadores o fabricantes de cannabis eran pequeñas empresas, y que la mitad de los 16 mayoristas empleaba entre 1 y 4 personas. En el cultivo también prevalece la baja escala donde los 352 de los 377 establecimientos indoor tenían menos de 100 empleados y en outdoor ocurría lo mismo con los 52 productores registrados. Lejos de haber consolidado un ecosistema reservado para operadores de gran tamaño, la legalización también dejó espacio para una red de proyectos más acotados, cercanos en muchos casos al modelo artesanal o al microcultivo en Canadá.
Todo esto ocurre, además, en un mercado que sigue expandiéndose con ventas de cannabis recreativo alcanzaron los 5,5 mil millones de dólares canadienses en el año fiscal 2024/2025, con un crecimiento interanual del 6,1 %, mientras que los ingresos públicos asociados al sector llegaron a 2,5 mil millones, un 11,5 % más que en el período anterior. La cifra confirma que ya no se trata de una actividad marginal ni experimental y da cuenta de una industria que continúa descansando, en buena medida, sobre actores pequeños.
No es casual que esa tensión haya entrado ya en el debate institucional. La revisión de la ley que legalizó el cannabis abrió precisamente ese terreno y en el informe final de revisión de la Cannabis Act el panel de expertos propuso reducir cargas regulatorias, permitiendo que cultivadores, incluidos los microcultivadores, puedan vender cannabis seco o fresco ya envasado y etiquetado directamente a distribuidores. La recomendación apunta a recortar pasos innecesarios y a mejorar las condiciones de viabilidad para productores independientes y de nicho, algo que parece menos una concesión sectorial que una lectura realista de cómo está compuesta hoy la industria.
La experiencia canadiense deja de manifiesto que legalizar no basta si el ecosistema regulado asfixia a quienes lo sostienen cotidianamente. Cuando las pequeñas empresas forman la columna vertebral del mercado legal, defender su viabilidad es una condición para que la regulación compita con la ilegalidad sin renunciar a objetivos de salud pública.