En El Bolsón, la iniciativa se presenta como un cruce entre turismo, producción sustentable y cultura del cáñamo. La propuesta incluye recorridos diarios, por la mañana y por la tarde, en los que se visita el cultivo, se repasa la historia de la planta, se abordan los mitos que todavía la rodean y se muestran sus posibles aplicaciones productivas. El proyecto busca instalar a la localidad como un espacio de experimentación alrededor del cáñamo en la Patagonia.
La experiencia no queda reducida a la excursión ya que existe un componente educativo y de investigación articulado con Fundación GEN, con el objetivo de estudiar el potencial del cáñamo como alternativa productiva para la región. En ese marco, la propuesta de Cabaña Micó desarrolla el aceite de cáñamo y una línea de alimentos compuesta por granolas, barras de cereal, chocolates y panificados, terminando la visita con una degustación de esos productos.
Durante el recorrido, la propuesta repasa la trayectoria histórica del cáñamo: su uso ancestral, su pasado en Argentina, las causas de su prohibición y su revalorización reciente. Ese itinerario desemboca en la mención de la ley 27.669 y en su incorporación al código alimentario nacional, dos referencias que, dentro del relato de la experiencia, funcionan como parte del nuevo marco para pensar a la planta no sólo desde el cultivo sino también desde la producción de alimentos, la salud, la bioconstrucción y el sector textil.
El proyecto también pone el foco en los aspectos técnicos del cultivo. Sus responsables sostienen que la plantación se realiza con medidas de control y seguridad, y que la polinización se maneja de forma controlada para evitar contaminación cruzada con cannabis psicoactivo. A eso se suma una narrativa ambiental donde se describe al cáñamo como una planta de bajo impacto, capaz de integrarse a economías regionales y de aprovecharse de forma integral, sin descarte de partes útiles.
La línea alimentaria de Cabaña Micó incluye chocolates, barras de cereal, panificados y alfajores enriquecidos con semillas de cáñamo con opciones aptas para celíacos y veganos, y presenta esa degustación final como parte de una experiencia sensorial que enlaza historia, nutrición y gastronomía. En paralelo, el emprendimiento se define como un laboratorio abierto en que en conjunto con Fundación GEN prueban nuevas genéticas y proyectan futuras elaboraciones, entre ellas bebidas.
Lo que aparece en El Bolsón es, ante todo, una forma de narrar el cáñamo desde el cultivo, los alimentos, la circulación de saberes y la promesa de desarrollo local. Más que una excursión temática, la propuesta busca saber qué lugar puede ocupar esta planta en las economías regionales latinoamericanas cuando se deja de lado el prejuicio.