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EE UU mueve el cannabis medicinal hacia la Lista III

EE UU mueve el cannabis medicinal hacia la Lista III

El Departamento de Justicia anunció una reclasificación parcial que reconoce el lugar ya conquistado por la marihuana medicinal y reabre la discusión sobre un cambio más amplio a nivel federal. No es el final de la prohibición, pero sí otra señal de que el viejo marco legal empieza a tambalear.

La novedad no equivale a una legalización federal y es importante entender que lo que hizo la administración fue reconocer, por una vía parcial y escalonada, que una parte del mercado médico ya existe, está regulada por los estados y no encaja con la ficción jurídica de una sustancia sin uso médico aceptado. El anuncio llega más de cuatro meses después de la reactivación de la reclasificación federal de la marihuana impulsada por Donald Trump en diciembre de 2025, cuando instruyó al Departamento de Justicia a acelerar el cambio de estatus del cannabis y a ampliar la investigación sobre marihuana medicinal y cannabidiol.

Este cambio en el cannabis medicinal tiene dos momentos: el primero es que pasan a la Lista III los productos con marihuana aprobados por la FDA y los productos sujetos a una licencia médica estatal que cumpla con los criterios fijados por Justicia. La segunda queda abierta ya que desde el 29 de junio de 2026 habrá una nueva audiencia administrativa para evaluar la reclasificación general del cannabis desde la Lista I a la Lista III. Para hacerlo, el gobierno canceló el procedimiento previo iniciado tras la propuesta publicada en 2024 y lo reemplazó por un trámite que, según el propio Departamento de Justicia, busca plazos más firmes y una salida más expedita. En ese punto vuelve a ser clave qué implica pasar a la Lista III, porque ahí se juega buena parte del alcance real de la reforma.

El aspecto más revelador es que el Departamento de Justicia fundamenta la decisión en las obligaciones de Estados Unidos bajo la Convención Única sobre Estupefacientes y plantea un modelo de “federalismo cooperativo” que incorpora los sistemas estatales de licencias médicas al marco federal de registro. Con este contexto vale la pena tener claro que Washington no está desmontando la prohibición, pero sí admite que la regulación médica estatal ha madurado lo suficiente como para ser absorbida, al menos en parte, por el aparato federal.

Esta aclaración resulta importante por el impacto de la sección 280E en el mercado cannábico estadounidense ya que la reclasificación parcial puede modificar el tratamiento fiscal de los operadores que encajen en el esquema médico reconocido, porque la sección 280E del código tributario federal niega deducciones a actividades vinculadas con sustancias de las Listas I y II. Pero el propio diseño anunciado por Justicia deja claro que el alivio no alcanza automáticamente a todo el sector y la marihuana no cubierta por productos aprobados por la FDA o por licencias médicas estatales calificadas permanece, por ahora, en la Lista I y, el mercado de uso adulto, sigue fuera de esta corrección.

Sin embargo no se puede desmerecer este avance ya que después de años en que decenas de estados regularon el cannabis medicinal mientras la ley federal lo seguía tratando como una sustancia sin uso terapéutico aceptado, la Casa Blanca y el Departamento de Justicia ensayan una salida administrativa a un conflicto que no puede seguir siendo ignorado

La decisión, sin duda, marca un giro relevante porque desplaza el eje del debate del viejo dogma de la prohibición total hacia una aceptación federal, aunque limitada, de la realidad médica y regulatoria construida por los estados. Pero también exhibe el límite  ya que mientras la reforma se concentre en el cannabis medicinal y deje fuera al uso adulto, la política federal seguirá administrando una profunda contradicción en lugar de resolverla.

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