Ese llamado a la cautela no surge de la nada, porque la literatura médica ya describió entre los efectos adversos más frecuentes de los cannabinoides el mareo, la somnolencia, la desorientación y la pérdida de equilibrio. En una población donde la polimedicación es habitual, el cannabis no llega a un cuerpo “vacío”, sino que se suma a las benzodiacepinas, los opioides o los fármacos para la presión arterial y esa superposición vuelve menos previsible la forma en que el cannabis puede afectar a un adulto mayor.
Por eso, la idea de "ir despacio” en personas mayores no debería sonar a eslogan o tratar de instalar un temor, sino a una postura básica de cuidado cuando se habla de uso medicinal del cannabis en este ámbito. El asunto no es buscar más efecto, sino tener más control y, en esa lógica, también importa la vía de administración.
Si el adulto mayor opta por la inhalación, esta le permitirá notar el efecto rápido, pero facilitará pasarse en pocas caladas, mientras que los comestibles presentan el problema inverso, tardan más en pegar y duran más, lo que favorece el apilamiento de dosis y, en este contexto, son las tinturas sublinguales las que aparecen como un punto intermedio para hacer ajustes pequeños y repetibles.
Así lo detalla una guía reciente de CED Clinic centrada en uso clínico de cannabis, que propone pensar la dosificación en mayores de 70 según fragilidad, riesgo de caídas e interacciones farmacológicas. Para personas relativamente estables, sugiere comienzos con 0.5 a 1 miligramo de THC. Si hay vulnerabilidad cognitiva, sedación acumulada o riesgo moderado de caídas, baja a 0.25 o 0.5 miligramos e incluso plantea arrancar con CBD. En los cuadros de mayor fragilidad, el criterio es todavía más conservador ya que se debería priorizar CBD y, si se usa THC, hacerlo por debajo de 0.5 miligramos y con seguimiento.
Más allá de las cifras concretas, lo más sensato del planteamiento está en el método que propone para acompañar ese uso. No subir la dosis antes de 48 o 72 horas, observar durante varios días qué pasa al levantarse de la cama, caminar de noche o combinar cannabis con otros fármacos y desconfiar de cualquier producto que vuelva imposible saber cuánto se tomó. En la vejez la consigna no es dosificar buscando el golpe perfecto, sino recortar el margen de error, y en cannabis a veces eso ya es bastante.