La campaña toma como punto de partida la figura de Manuel Belgrano, abogado, economista, político y asociado históricamente a la promoción del cáñamo como cultivo estratégico. Esa conexión funciona como marco simbólico de Junio Cañamero que busca recuperar una discusión que, según sus impulsores, ya estaba presente mucho antes de que se hablara de industria cannábica.
A fines del siglo XVIII, Belgrano defendía el cáñamo por sus usos textiles, navales y agrícolas, en un contexto donde el cultivo podía ser pensado como herramienta de desarrollo económico. Más de 200 años después, la planta vuelve a ocupar un lugar en conversaciones sobre producción, sustentabilidad, innovación y trabajo.
La propuesta de este año no busca quedarse solo en la conmemoración ya que Junio Cañamero 2026 busca abrir un espacio para pensar cómo el potencial industrial del cáñamo puede convertirse en realidad a través de formación técnica, articulación productiva y circulación de saberes. Además, esta edición dialoga con la Diplomatura en Industria y Cultivo de Cannabis Sativa L., impulsada por UTN Avellaneda, la Agrupación Cannabicultora del Sur y la Secretaría de Derechos Humanos de la Municipalidad de Avellaneda.
También está prevista la participación de Datita, un proyecto de comunicación y contenidos digitales vinculado a la cultura cannábica, mediante transmisiones en streaming, durante todos los miércoles, junto a especialistas en la industria del cáñamo y otros usos productivos de la planta.
Desde la Agrupación Cannabicultora del Sur (ACS), subrayaron que “el potencial productivo del cannabis puede dar respuestas económicas en estos tiempos de vaciamiento, satisfaciendo necesidades básicas como la salud, en un entorno industrial que podría generar muchas fuentes de trabajo. Invitamos a participar del diálogo, la construcción colectiva y a la instrucción especializada en todos los eventos que realizaremos en este mes”.
Desde Junio Cañamero también señalan que los prejuicios y la estigmatización que pesan sobre la comunidad cannábica tienen consecuencias concretas en ámbitos fundamentales de la vida social, especialmente en el acceso al trabajo. Por eso, Junio Cañamero propone mirar el cáñamo no solo como una planta atravesada por debates regulatorios, sino como una posible herramienta para discutir empleo, formación técnica, usos industriales sostenibles y modelos productivos más amplios.
Junio Cañamero propone leer a la planta desde una continuidad histórica y productiva donde si bien está marcada por el prejuicio, también puede ser vista como una posibilidad real para pensar el trabajo, la industria y la sustentabilidad desde una perspectiva menos prohibicionista.