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Tomar café moderadamente se asocia con menor riesgo de demencia

Un estudio prospectivo publicado en JAMA y basado en datos de 131.821 personas de Estados Unidos halló que un mayor consumo de café con cafeína se asoció con un menor riesgo de demencia y con indicadores más favorables de función cognitiva. 

Durante años, el café ha ocupado un lugar como el combustible cotidiano, aunque también se le cuestiona como un hábito que oscila entre la ansiedad  y el insomnio. El nuevo trabajo, firmado por Yu Zhang y colegas, lo devuelve al centro del debate con una investigación que siguió durante décadas a participantes de dos grandes cohortes estadounidenses –la Nurses’ Health Study y la Health Professionals Follow-up Study– y documentó 11.033 casos incidentes de demencia a lo largo del seguimiento.

Lo que encontraron los investigadores no autoriza a hablar de una receta contra la demencia, pero sí de una asociación estadísticamente relevante. En comparación con quienes consumían menos café con cafeína, quienes se ubicaban en los niveles más altos presentaron una menor tasa de demencia. También se observó una menor prevalencia de deterioro cognitivo subjetivo. En el caso del té, los resultados fueron parecidos. El dato más citado del estudio es que las diferencias más marcadas aparecieron con un consumo aproximado de dos a tres tazas diarias de café o de una a dos tazas de té.

Es importante destacar que el café descafeinado no mostró una asociación significativa con menor riesgo de demencia ni con mejor desempeño cognitivo. Esa diferencia obliga a mirar menos la bebida en abstracto y más el papel específico de la cafeína, aunque sin perder de vista que el diseño del estudio es observacional, lo que no prueba, por sí solo, que tomar café cause una protección directa frente a la demencia.

Los autores también señalan que el efecto observado es modesto y convive con una evidencia más amplia según la cual la salud cognitiva depende de múltiples factores como la actividad física, la calidad del sueño, alimentación, educación, condiciones cardiovasculares y acceso a cuidados. Por eso, convertir esta investigación en una consigna del tipo “el café previene la demencia” sería inducir al error a quien lo lee.

En ese sentido, el estudio deja un análisis más interesante que la promesa de una taza salvadora a la mañana. La cafeína, quizá la sustancia psicoactiva más  usada y naturalizada del planeta, vuelve a recordar que no todas las drogas se discuten con el mismo lenguaje ni bajo el mismo régimen moral. Aquí no hay milagro, sino contexto, dosis y evidencia y nos obliga a pensar que  aún nos hace falta una conversación adulta sobre sustancias y hábitos por muy normalizado que estos estén. 

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