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El óxido nitroso entra en el radar sanitario español

El uso recreativo de óxido nitroso ya no puede ser considerado como una rareza en España. Conocido como “gas de la risa”, su consumo se ha extendido bajo la falsa sensación de inocuidad. La alerta sanitaria y las incautaciones recientes obligan ahora a mirar de otro modo una práctica que durante demasiado tiempo pareció menor.

Descubierto en 1772 por el químico británico Joseph Priestley, el óxido nitroso es ampliamente reconocido por sus usos médicos, aplicaciones industriales y alimentarias. Su uso lúdico, que surge con su descubrimiento, gira en torno a su inhalación que provoca un efecto breve de euforia, distorsión perceptiva y desinhibición. Justamente esa duración corta, sumada a la disponibilidad comercial del producto hoy en día, ha contribuido a instalar la idea de que se trata de una práctica menor, casi sin consecuencias. Sin embargo, la alerta del Plan Nacional sobre Drogas dice lo contrario.


Los riesgos inmediatos del uso de gases volátiles psicoactivos  incluyen mareos, náuseas, desorientación, pérdida de coordinación y equilibrio, además de asfixia, daño pulmonar y quemaduras por contacto. Cuando el uso se vuelve frecuente o intensivo, el cuadro cambia y el sistema de alerta español advierte sobre daños graves por falta de oxígeno y neurotoxicidad crónica, mientras que la Agencia de Drogas de la Unión Europea viene señalando que la exposición prolongada puede derivar en lesiones neurológicas asociadas a déficit funcional de vitamina B12.

El óxido nitroso entra en el radar sanitario español

En España, la dimensión del fenómeno aparece retratada en las actuaciones policiales más que en las estadísticas de prevalencia, todavía fragmentarias. En junio de 2024, la Guardia Civil informó de una aprehensión de más de 21.000 litros de óxido nitroso en Málaga, presentada como la mayor de Europa en ese momento. Dos meses después, la Policía Nacional y Vigilancia Aduanera comunicaron otras tres operaciones en la misma provincia, con 4.200 kilos intervenidos y más de 4.000 botellas. En abril de 2025, Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana de Reus localizaron 988 kilos repartidos en 1.120 botellas que, según la investigación, iban a distribuirse en Cataluña durante Semana Santa. Si bien no son episodios equivalentes a una encuesta nacional, sí son señales claras de que existe una oferta organizada y sostenida.

En este contexto, la EUDA ha advertido que varios países de la Unión Europea detectaron en los últimos años un aumento de la disponibilidad y del uso recreativo de óxido nitroso y algunos ya avanzaron hacia la prohibición del gas de la risa como por ejemplo el Reino Unido.  En España, por ahora, la conversación sobre esta sustancia surge desde las urgencias hospitalarias y se ha venido abordando como un problema menor dentro de la economía del ocio nocturno.

La alarma española obliga a repensar la estrategia ya que no se alcanza a abordar el asunto decomisando botellas ni repitiendo consignas que buscan inducir el miedo. Lo que hace falta es información pública seria y una discusión menos superficial sobre cómo ciertas sustancias se normalizan antes de que sus daños permeen el lenguaje oficial.

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