La resolución se conoció el 1 de abril de 2026 y formó parte de un acuerdo entre la Fiscalía y la defensa. Según la cobertura de los medios generalistas, Vidal fue detenido en febrero de 2025 con 103,05 gramos de tusi presuntamente destinados a la venta, con un valor estimado de 5.700 euros en el mercado ilícito. El tribunal aplicó la atenuante de toxicomanía después de que el acusado admitiera los hechos.
Sin embargo, en buena parte de la cobertura mediática se reprodujo la expresión “cocaína rosa”, una etiqueta de impacto que sigue circulando en titulares captadores de clicks. Pero, este nombre no alude a una sustancia que garantice la presencia de cocaína. Organizaciones de reducción de riesgos como Energy Control vienen advirtiendo desde hace años que se trata, por lo general, de mezclas variables, a menudo con ketamina, MDMA y cafeína, entre otros compuestos posibles.
Por eso llamar cocaína rosa no es menor ya que cuando se narra con nombres imprecisos desde los medios de comunicación, la información pública sobre drogas se vuelve todavía más confusa. Se simplifican composiciones, se borran diferencias entre sustancias y se refuerza la idea de la “cocaína rosa” como si nombrara algo preciso, pero inútil para para entender qué circula realmente en los mercados recreativos. El caso de Vidal vuelve a mostrar la necesidad de un vocabulario más preciso cuando se habla de determinadas sustancias.
También queda a la vista cómo la justicia reconoce el vínculo entre consumo problemático y delito, pero lo hace dentro de un marco punitivo que apenas incorpora la complejidad del fenómeno. La suspensión de la pena y la obligación de acudir a rehabilitación sugieren una lectura sanitaria del caso, aunque subordinada a la lógica penal.
La condena de Nacho Vidal no sólo reabre el expediente personal de una figura mediática, también expone los desaciertos con que todavía se informa sobre sustancias que su composición depende de quien las cocine. Cuando el titular prefiere el sensacionalismo antes que la precisión, la noticia termina desinformando sobre aquella droga que busca nombrar.