Como cada segundo sábado de mayo desde 1997 volvió la Marcha Mundial de la Marihuana a desfilar por las calles del centro de Madrid. La Marcha como la lluvia, siempre es lo misma, pero siempre es distinta. Este año, precisamente, la novedad fue la lluvia torrencial al comienzo de la marcha. Cuando los incansables militantes antiprohibicionistas se pusieron a repartir los sempiternos globos verdes, cayó el diluvio.
Lo que, en otras circunstancias, con otros manifestantes, habría desanimado al personal, aquí sirvió de acicate, que para algo contábamos con el estímulo y protección de la planta del asombro. Y qué risa y qué emoción, ver la columna de aguerridos fumetas, algunos con sus porros mojados, remontar el torrente que bajaba por la calle montera con sus cantos de alabanza y su batucada Marakanai. “Llueva o truene, / ¡qué bien huele!”, gritaban al unísono. O, con un poco menos de fuelle pero con gran sabrosura, en tres golpes de voz: “Con mi yerba / la tormenta / sabe a menta”. Luego volvieron a corearse los lemas de siempre: “No más multas”, “El porrito / no es delito”, “Basta ya de hipocresía, / libertad para María” o “Pedrito / líate un porrito”.
Murakanai –“una batucada no mixta de mujeres feministas de Madrid, luchadoras contra todo tipo de opresiones patriarcales”, según se presentan en su web– tuvo a la gente bailando incluso bajo la lluvia. Cuando, llegando a la Gran Vía, el cielo se despejó, una alegría subrayada por los redobles de los tambores levantó el ánimo hasta cumbres místicas. ¡Qué cielo! ¡Qué globos! ¡Qué verde era este valle cuando todo esto era campo!
La policía hizo su papel, que, en estos casos, no es otro que molestar tratando de limitar el alcance del botafumeiro colectivo. “Como te vea fumando otra vez te multo”, dijo un fornido uniformado a uno de los manifestantes al que sorprendió exhalando a pleno pulmón. Lo dijo por decir, porque dentro de la manifestación se puede fumar, pero a los más viejos del lugar nos hizo recordar aquellos años en los que si te salías del perímetro pactado con las autoridades te multaban. También en esta edición, a la Policía se les ocurrió en la Gran Vía constreñirnos a tres carriles y dejar dos al tráfico rodado. Y ahí que gastaron saliva los agentes de los cuerpos represivos del Estado abroncando a una jauría de descarriados, entre los que se encontraba este redactor, para que no nos saliéramos del carril. ¡Cómo si la decisión la hubiéramos tomado nosotros y no ellos! Al momento se dieron cuenta del despropósito y cortaron de nuevo el paso a los coches, dejándonos bajar con amplitud hasta Plaza de España.
Convocada por Marihuana en Marcha, la plataforma integrada por las organizaciones AMEC (la histórica Asociación Madrileña de Estudios del Cannabis, veintinueve años ya dando la matraca), ConFAC, Cannabmed, Encod, OECCC y REMA, la cita arrancó a las seis y media en la Puerta del Sol y terminó en Plaza de España, poco antes de las nueve, donde se leyó el manifiesto. Si en otras convocatorias llegamos a ser decenas de miles de activistas y simpatizantes, esta vez, la tormentosa climatología nos redujo a unos pocos miles. Mil en su momento más flojo (cuando el diluvio) y cinco mil al llegar a Callao. Sus organizadores hablan de una media de tres mil, ¿para qué hinchar las cifras? La razón nos ampara, aunque la razón, ya lo sabemos, no sea algo determinante en las políticas de drogas.
Dado el tormentoso día, la asistencia de 3000 manifestantes hay que contarla como un rotundo éxito. Y así se vivió, con alegría y diversión. Conscientes de que somos una minoría de una numerosa minoría, concretamente el 0,1% de los tres millones de usuarios de cannabis que se estima hay en España. Una milésima parte. Si en lugar de ser 3000 manifestantes hubiéramos sido los tres millones, o medio millón, otro gallo cantaría. Pero no vamos a enredarnos ahora en ver quién tiene la culpa.
Al final del manifiesto, desde la plataforma de Marihuana en Marcha, felicitaron a todos los participantes, con la novedad de invitarnos al abrazo: “Os invitamos –leyó Patty Amiguet, de la ConFAC– a abrazar a la persona que tenéis al lado, y a que le recordéis de paso que la movilización es necesaria para el cambio”.
Lo pasamos bien, disfrutamos del paseo, perfumamos el centro de Madrid, nos abrazamos y marchamos por una causa justa, ¿alguno de los que se quedaron en casa tuvo un plan mejor? Lo dudo mucho.