Cómo sobrevivir a las argumentaciones en cascada

Todos nos hemos encontrado en algún momento en situación de tener que debatir con alguien sobre tal o cual tema. Cuando uno asume en el debate una posición defensiva, es inevitable entonces tenerse que defender de una cascada de argumentos contrarios, de presuposiciones dadas por descontado y de verdades o medias verdades a las que parece difícil enfrentarse a la vez. Para centrar la cuestión, y dado que estamos a lo que estamos, concretemos en el caso de los debates sobre el cannabis y su legalización.
He comentado en otras ocasiones que, en igualdad de tiempo, quien ha de defenderse de posturas preestablecidas lo tiene de entrada mucho más difícil. Pongamos un ejemplo: Supongamos que uno de los debatientes emplea un minuto en decir cosas como estas: "El cannabis es tan peligroso como las otras drogas, está demostrado que provoca graves problemas psiquiátricos, psicosis y esquizofrenia. Además, es la puerta de entrada a otras drogas, desmotiva a los jóvenes que han de estudiar, les quema las neuronas y les hace seres antisociales, como todos los estudios demuestran. No sólo eso, sino que las más recientes investigaciones demuestran que es más peligroso que la heroína, la cocaína y el LSD juntos. ¿Queremos eso para nuestros niños? ¿Qué ser siniestro puede querer legalizar un veneno así?" No hace falta mucho más de un minuto para soltar una retahíla de acusaciones como la anterior. Un minuto es suficiente para exponer una decena de supuestos hechos, un par de descalificaciones, y otro par de preguntas retóricas. No hace falta ser un experto en retórica y dialéctica para entender que desmontar esta exposición no puede hacerse en un minuto. No, al menos, si queremos rebatir punto por punto cada una de esas argumentaciones. Es como enfrentarse contra una marabunta intentando eliminar a las hormigas de una en una.
Así pues, en esas condiciones del debate, la única solución es evitar la defensa, driblar, y pasar al contraataque. Si no lo hacemos así nos quitarán la palabra antes de haber empezado a enumerar aquello en que no estamos de acuerdo. ¿Cómo dar un giro a las argumentaciones? Las posibilidades son varias. Todas las acusaciones de peligros e insalubridades asociados al consumo pueden llevarse al terreno de la libertad individual: Una vez advertidos por los médicos y los políticos, los adultos deben decidir por sí mismos qué riesgos deciden o no asumir. Pensar que los consumidores de cannabis no obtienen alguna contrapartida positiva de sus consumos es un absurdo, y sólo ellos deberían poner lo positivo y lo negativo en la balanza y tomar una decisión libre. Otra salida posible es dejar caer que por cada informe que advierte de un daño puede encontrarse otro que lo niega, y por cada experto partidario de prohibir, hay otro partidario de legalizar. Y entonces es el momento del contraataque: “¿Cree usted que esos peligros, más o menos creíbles, justifican perseguir a consumidores y cultivadores adultos? ¿Las advertencias sanitarias han de imponerse mediante policías, jueces y cárceles? Dado que la prohibición no funciona, no evita los consumos y añade problemas que no existirían sin ella, ¿cree que la cárcel y la represión policial mejorarán la solución, o piensa que sería mejor confiar, como nosotros pensamos, en la educación y en la responsabilidad individual en un entorno de libertad?” En un minuto hay tiempo también de exponer muchas preguntas. Y ahora que contesten ellos.
J.C.






