Medalla de Oro al merito prohibidor para la Reina Sofia
El pasado mes de abril, el Plan Nacional sobre Drogas condecoró a diversas personas y entidades que destacaron por su lucha contra las drogas y por su tenacidad en mantenerlas prohibidas. Entidades como la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) o SOCIODROGALCOHOL, de marcada raigambre prohibicionista, obtuvieron sus correspondientes medallas. Pero lo más destacable es la medalla de oro que Carmen Moya, en una muestra de servilismo entusiasta, concedió a la reina Sofía. La Reina agradeció tanto y cuanto el gallardón y dijo “que estaba acostumbrada a entregarlos, pero no a recibirlos”. En efecto, en esta endogamia prohibidora se van premiando unos a otros como un instrumento más para mantener la ficción del “problema con las drogas”, que ya sólo ellos perciben, y aportar la única solución que conocen: prohibición y desconfianza en las decisiones personales de los ciudadanos adultos.
Pero volviendo a la Reina, por la que siento especial devoción. ¿A qué viene su implicación entusiasta en un problema político? Por supuesto, se dirá que no es así, que sus esfuerzos se dirigen a “ayudar a los desfavorecidos, especialmente a las víctimas de las drogas”. Es la realidad alternativa que quieren vendernos: No hay, ni debe haber, discusión política respecto a lo malas que son las drogas o cuestionamiento de la prohibición. Son verdades tan evidentes que hasta la Reina, apolítica ella, las apoya sin miedo a parecer parcial. Sencillamente, el antiprohibicionismo no existe.
J.C.





