Equipos de fútbol - Futbetas
¡Ya son cuatro, los equipos de la revista CÁÑAMO! Tras del primero, de un barrio de Madrid, el segundo, de la Facultad de Filosofía de Valencia, el tercero del barrio de Bellevitge (BCN), luego llegó un cuarto equipo de fútbol siete de Tarragona. De modo que con la nueva incorporación, pronto podremos organizar un play off con cuatro equipos cañameros.
El equipo madrileño
A veces pienso qué hace que sigamos siendo un equipo, que seamos todavía, después de tanto tiempo, CÁÑAMO CF.
Son mas de diez años, y obviamente no somos los mismos, pero tampoco somos muy distintos. Cuando empezamos todo era mas fácil, porque nacimos como equipo, de manera espontánea alrededor de nuestros primeros canutos, y esa es una época fácil, sin mayor inquietud que amanecer para bajar al parque a tostarse al sol en grata compañía. Sin verdaderas preocupaciones, sin serias exigencias, el paraíso.
Luego pasa el tiempo y la realidad se vuelve mas jodida, y uno a uno nos vemos obligados a afrontar el atractivo reto de no morirnos de hambre, cada uno a su manera. Entonces aparece la encrucijada en que los caminos dejan de ser el mismo, y perdemos la inocencia, y afrontamos que ya no somos uno, que no tenemos las mismas ideas, ni perseguimos los mismos sueños, y sin embargo no dejamos de ser CÁÑAMO. Año tras año, cada domingo, y es parte de una rutina que no va a dejar de existir.
Hace poco realizamos el inocente ejercicio de intentar ponemos de acuerdo, de intentar definir que os queríamos contar, pero ya no es fácil, no somos uno, y cada uno tiene un enfoque, su manera., pero lo curioso fue comprobar cómo sin ponernos de acuerdo todo seguía igual, el parque, el sol, Chaouen… Eso nos une, esa debe ser nuestra esencia.
Dicen que somos adultos, aunque la única diferencia real con lo que éramos hace años es que ahora ganamos dinero, pero lo cierto es que la independencia ha afianzado nuestras convicciones, y todos aquellos problemas de conciencia sobre si el cannabis es droga, sobre si perderíamos la capacidad de concentración, la memoria… han dejado de preocuparnos, y en parte por nuestra experiencia, en parte por la suerte de no tener que explicar nada a nadie, el cannabis sigue siendo clave a la hora de entender la vida.
Y por suerte seguimos unidos, como decíamos sin aparente explicación, y casualmente el cannabis sigue ejerciendo de elemento de cohesión, porqué aunque nosotros evolucionamos, nuestra forma de entender el placer, sigue siendo bastante similar, no queremos exagerar pero es posible que si algo tan simple como un porrito al sol dejara de hacemos felices, la consecuencia sería que dejaríamos de vernos para hacerlo, perderíamos la excusa, y con ella, probablemente nos perderíamos unos a otros.
Por ello siempre nos sentiremos en deuda con aquellos que nos enseñaron con su ejemplo a fumar de manera inteligente. Fumar y jugar, eso nos gusta, nos gustaba cuando empezamos, y nos sigue gustando hoy.
Es un privilegio defender con nuestro juego, vuestra actitud, parte de vuestras ideas, ya que en parte todos y cada uno de nosotros estamos en deuda con CÁÑAMO, por vuestra información, por vuestra lucha contra la prohibición, por hablar en nombre de todos, por convertir en serios nuestros argumentos.
El equipo de Valencia
Puede parecer raro que en la Facultad de Filosofía haya algo como un equipo de fútbol 7. Lo normal, la imagen que solemos tener es la de ratas de bibliotecas, cosa que no debe de ir muy mal encaminada y al final pueda resultar que sea una banda de ratas de biblioteca inscritos en una liga universitaria de Fútbol 7. Esto último, más que nada es por la clasificación de la liga anterior, que no fue muy buena, bueno, esto es un eufemismo para ocultar que quedamos los últimos.
Pero ahí radica que algo sea deporte o no lo sea, pues nuestra intención nunca es la de ganar, más bien eso es una circunstancia del juego, una anécdota podríamos decir, lo importante para nosotros es pasar una mañana entretenida, hacer ejercicio, reírnos y disfrutar mientras jugamos a un deporte que es muy divertido.
Un equipo de facultad normalmente se forma porque siempre hay un pesado del copón de la baraja que te ve en la cafetería y te da el peñazo para que te inscribas en el equipo; ahí te haces el longuis y pasas del tema. Luego te ve en clase y te vuelve a dar el peñazo. Ahí, ya empiezas: ehh, euuu, sí sí, tal vez, es que no estoy en forma. Un día estás tan tranquilo en el campus y aparece el mismo tipo que te vuelve a insistir con el tema, pero esta vez ya con lenguaje emotivista y escatológico. Ahí ya cedes y acabas en el equipo. En nuestro caso es el Pedro, nuestro particular asesino del área. Creo que el año pasado marcó 3 o 4 goles, empezó bien, eso sí, pero bueno, cogió una racha mala y se acabó la liga sin que saliera de ella.
La idea de contactar con CÁÑAMO fue del Toni, que es fumetilla y se mueve por las Copas y las Parades y nos dijo que igual les molaba la idea, nos comentó la posibilidad y todos estuvimos de acuerdo en que estar patrocinados por alguien relacionado con la cultura de la marihuana era buena idea, los valores que predica la revista CÁÑAMO coinciden con nuestra forma de interpretar el deporte al fin y al cabo.
El Tercer Equipo
La verdad es que a primera vista no somos nada especial, no somos un equipo de la universidad, tampoco somos el típico equipo del curro, simplemente somos la disgregación de varios equipos que desde hace cinco años jugamos juntos. Simplemente una raza aparte, los típicos pesados que aunque llueva, seamos sólo cuatro o estemos medio lesionados siempre estamos ahí.
Es curioso, pero, una vez leí un libro que decía que los hombres tendemos a hacer actividades juntos debido a una tendencia genética que tenemos; quién lo diría, jugamos juntos porque nuestros antepasados cazaban juntos y esa dependencia que se creó entre ellos ha llegado a nuestros días. En fin, que somos la versión moderna del hombre de Cromañón y seguro que nuestras reacciones más primitivas se ven en la cancha.
Jugamos en una liga de fútbol siete. Tenemos dos porteros, la araña Dani y el gato Damián, más tres defensas infranqueables: Sergio “la cosa”, Xavi y Edgar; y dos medios que son el cerebro del equipo: Juan Carlos y un servidor que lo destruye. Y por último nuestro hombre gol, Alberto. Para esas pocas ocasiones en las que nos faltan jugadores tenemos a Albert, el multi-posiciones, además de un amigo encantado de ponerse nuestros colores.
No podemos acabar el corto relato de nuestras vidas en común sin hablar del tercer tiempo, porque es en este tiempo cuando más disfrutamos de todo lo que nos ha ocurrido en el partido y de nosotros. Empieza a la salida del encuentro: vamos a la ducha, nos cambíamos rápidamente y elegimos sitio donde ir a cenar. Cada semana solemos cambiar de comida, ya sea japonesa, mejicana, libanesa, pero lo que nunca cambia es esa cervecita en la mano, una cerveza elaborada con cáñamo, de sabor muy especial, como nosotros y nuestras ganas de compartir algo más que un partido de fútbol.
Este deporte es el medio que usamos para vernos cada semana y compartir experiencias, a veces dolorosas, durante el partido. Y justo después de la cena viene lo mejor del tercer tiempo, nuestro “momento cañamero “. Salimos del bar, nos juntamos en forma de círculo en cualquier sitio y cada uno saca de su bolsita de las esencias algo mas que un cigarrillo. Es ahí cuando discutimos las jugadas del partido, el gol de uno o la parada del otro; es precisamente ese instante el que nos mantiene a todos unidos; ese momento en el que todos nuestros pensamientos empujados por una hierbercita mágica se juntan en uno solo. Es algo que no se puede explicar. De hecho, y esto es una opinión muy personal, no hay ningún porro que me siente mejor que el del tercer tiempo.
Resumiendo, creo que todos los equipos de fútbol tienen su tercer tiempo, no concibo ningún equipo que llevando como uniforme esa bandera cañamera no lo tenga. Así son nuestros partidos de fútbol y así acaban siempre: en nuestro tercer tiempo.Abilio
Pelotón 69
El Peloton69 nació fruto de las ganas de pasarlo bien, el colegueo de los primeros meses en la universidad, echar unas risas en compañía de amigos y de un balón... y cómo no, fruto de una borrachera, cuajada mientras se veía una película en un cine con unas birras de más.
En sus primeros pasos, el Pelotón69 no pudo empezar con mejor pie: a pesar de no encontrar patrocinador para crear su propia equipación deportiva, el equipo comenzó su andadura deportiva con una victoria que hacía presagiar éxitos y tal vez títulos. Cuán ingenuas eran esas primeras esperanzas... no se volvió a ganar un solo partido oficial en las siguientes tres temporadas (legalmente, claro).
Al contrario de lo pudiera parecer, tal descalabro de resultados resultó ser atractivo para el público, y poco a poco el Peloton69 se fue tornando en algo más que un equipo: un espectáculo que atraía a cada vez más gente.
El año siguiente fue atípico. Cansados de perder hasta al mús, el equipo se reforzó en todas sus líneas con chavales recién salidos de la cantera. Se llegó a la final, sí, y a punto se estuvo de ganarla, pero se había perdido lo más importante: el espíritu.
Por supuesto al año siguiente los jóvenes fichajes decidieron partir a equipos más competitivos, y en el Peloton69 quedaron la esencia que antaño había fundado la entidad más algún que otro personaje. Nuevamente, 100% de derrotas. ¡¡Así si!!
En un partido del Peloton69 las risas son la tónica general, encandilando al aficionado con gilipolleces varias, derrochando espíritu ebrio jugando con pelucas o con gorros de torero, combinando jugadas de pura samba futbolística con ridículos bastante chungos, y haciendo de cada partido dentro de lo posible una fiesta mayor.
El Pelotón69 es algo más que un equipo de fútbol sala. Como reza su himno, es “un sentimiento que se lleva muy adentro”.
Jugador Fernando Llorente, del Atlethic de Bilbao, con la camiseta de Cáñamo
y de Javier Clemente, entrenador











