Dinamarca, la tolerancia en juego

La sustitución de camellos por agentes de policía hizo que Christiania perdiera su tercer puesto en la lista de atracciones turísticas más visitadas de Copenhague

Christiania, el antiguo cuartel militar ocupado hace 36 años por artistas, anarquistas y otros vecinos del céntrico barrio de Christianshavn, en Copenhague, está amenazado con desaparecer. Antes del primero de abril de 2007 la comunidad debía haber aprobado una propuesta elaborada en un diálogo con el Gobierno danés sobre la normalización del área. Caso contrario, la “Fristaden Christiania”(Ciudad Libre de Christiania) correrá el peligro de ser dividida en pequeñas parcelas de propiedad particular, perdiendo su caracter alternativo.

Desde 2002, el actual gobierno danés, formado por dos partidos de centro-derecha y sustentado por la extrema derecha, ha hecho presión sobre los christiannitter para que abandonen la propiedad colectiva de su comunidad. Según el Gobierno, debería “normalizarse” la situación del terreno ocupado por la comunidad, consistente en 750 personas y 45 empresas, a fin de facilitar la modernización del lugar y la renovación de los edificios. O sea, debería ser puesto a la venta según las reglas del mercado libre. La propiedad sobre el lugar –que ha hecho soñar a tantos en una sociedad colectivizada– se entregaría a empresas inmobiliarias para que realicen el sueño de unos pocos.

El primer ataque serio fue en marzo de 2004, cuando la policía desahució la Pusher Street (Calle de los Camellos), el mercado libre de cannabis que funcionaba en la comunidad desde mitad de los años ochenta. A fin de mantener la política de tolerancia cero, después de la desaparición de Pusher Street, la policía mantuvo una visible presencia constante en la comunidad. La sustitución de camellos por agentes de policía hizo que Christiania perdiera rápidamente su tercer puesto en la lista de atracciones turísticas más visitadas de Copenhague.

A raíz de la situación de Pusher Street se formó el “Forhandlingsgruppe” (grupo de negociación) para dialogar con el Gobierno danés, representado por el ministro de Finanzas, Thor Pedersen. En octubre de 2006 este grupo elaboró una propuesta alternativa al escenario de “normalización” que incluía la renovación de los edificios. Según esta propuesta, Christiania se convertiría en una moderna comunidad sostenible ecológica y económicamente, un poblado experimental bajo supervisión de las autoridades estatales. Para financiar el proyecto de 30 millones de coronas danesas (unos 4 millones de euros) se contaría con el apoyo de la empresa asociativa Realdania, ligada al partido socialdemócrata.

Según la tradición christianita, todas las decisiones que conciernen a la comunidad deben ser tomadas por unanimidad. La democracia de consenso -–si un socio está en contra, no se aprueba ninguna decisión– es una herencia de los años setenta, cuando se intentaba deshacer las antiguas estructuras verticales de decisión. Pero ahora, en el siglo xxi, eso parece más bien un obstáculo.

“Un no contra la propuesta del grupo de negociación significa un no al futuro de Christiania”, dice Gitte Christensen, habitante y trabajadora de la Kvindesmedien (taller de herrería). “Hay siempre gente que por diversas razones, legítimas o no, se opone a una decisión. Pero si no aprobamos el plan el Gobierno va a proponer soluciones individuales a todos por separado. Habrá mucha pelea, y significará el fin de la comunidad”.

Tres semanas antes de la fecha crucial, Christiania parece ser una gran reunión. Cada día están programadas asambleas de urgencia, generales y vecinales, para tratar de llegar a un consenso. Pero ya es tarde, dice Gitte Christensen: “Hay mucho cansancio, la gente ya no quiere más reuniones. Todos están cansados de que los demás no les escuchen, ya no creen en el modelo de la democracia de consenso”. ¿Significa esto la muerte de un sueño, de un modelo diferente? Gitte: “Tal vez nos hemos olvidado de renovar el modelo. Justamente porque siempre considerábamos al Estado como adversario común, no hemos sido bastante autocríticos y no nos hemos desarrollado suficientemente como comunidad”.

Mientras tanto, el clima político en torno a las comunidades alternativas en Dinamarca se ha endurecido aún más. En la madrugada del 1 de marzo de 2007 la policía danesa desahució y posteriormente demolió la Ungdomshuset (Casa de Jóvenes). Desde que había sido ocupada en 1982, la Ungdomshuset había funcionado como un centro autónomo sin gasto ninguno al Estado. La municipalidad de Copenhague había prometido a los jóvenes que se podían quedar en la casa, pero finalmente decidió venderla a una secta cristiana fundamentalista.

Quizá fue esta perspectiva lo que llevó a los habitantes de Christiania, en asamblea general del 31 de marzo, a aceptar finalmente la propuesta elaborada con el Gobierno, aunque con algunas reservas, que ahora deben ser negociadas nuevamente. Así que, por ahora, parece que el sueño de una sociedad distinta continuará intacto al borde de los lagos daneses. Pero el que no quiera correr el riesgo de perdérselo, mejor será que lo visite este verano.

Joep Oomen

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