Hartos de Carmen Moya, delegada del Gobierno para el PND

Tras la experiencia del Partido Popular a cargo del Plan Nacional sobre Drogas, con Gonzalo Robles primero y con el efímero Cesar Pascual después, todo hacía suponer que la llegada de los socialistas al poder iba a traer mejores aires al PND. Pero pronto se vio sin embargo que en él nada se mueve. Por algo el prohibicionismo es una ideología transversal a derechas e izquierdas, es una actitud moral ante la vida que hace sentirse a uno legitimado para imponer sus convicciones a los demás para hacerles un bien.
El primer movimiento era previsible. El Gobierno socialista traspasó el Plan Nacional sobre Drogas al Ministerio de Sanidad, en vez de estar en Interior. Una manera de querer mostrar que el problema de las drogas se entendía en términos de salud y no de represión policial. Pero, obviamente, cuando se trata de reprimir a los consumidores de drogas ambas cosas van unidas.
Por su parte, la actual delegada del Gobierno en el PND, Carmen Moya, mostró desde el principio un perfil bajo, casi plano, rehuyendo cualquier confrontación dialéctica con quienes podrían cuestionar el prohibicionismo de siempre. Oculta además tras la visibilidad de su ministra, Elena Salgado, consiguió pasar inadvertida incluso durante la polémica generada por la puesta en marcha de la Ley del Tabaco. Mientras tanto, en sus intervenciones públicas, repetía incesantemente, y sin apenas variación, dos conceptos esenciales: 1) Todas las drogas son nocivas y no cabe hacer distinciones entre ellas y 2) Hay que proteger a los jóvenes, porque están desinformados y preocupa su baja percepción del riesgo respecto a consumir drogas. Todo esto aderezado con el continuo lloriqueo, al que también nos tienen acostumbrados desde la FAD, quejándose de que la sociedad no les hace caso y no perciben los problemas. ¡No es de extrañar! Sin negar los riesgos asociados al consumo de drogas, es tanto el catastrofismo irresponsable pregonado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, coreado con entusiasmo por el PND, que nadie en su sano juicio les cree ya, ni se los toma en serio. J.C.






